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Instituciones Financieras Internacionales

Lunes 17 de Marzo de 2003

La reversión del flujo financiero

Febrero de 2003

Entre 1945 y 1970, Estados Unidos y sus aliados occidentales fueron grandes exportadores de capital, pero desde entonces, se convirtieron en grandes importadores de capital, para financiar su crecimiento y, en el caso de Estados Unidos, para financiar un déficit comercial insostenible y otras obligaciones con el extranjero. Esta reversión del flujo financiero es la esencia del proceso de transformación que ha dado en llamarse “globalización”.

por Ann Pettifor

Actualmente vivimos en una economía mundial dominada, como en la década de 1920, por el capital financiero internacional.

Antes de 1970, se estimaba que 90 por ciento de todas las transacciones internacionales eran comerciales, y sólo 10 por ciento respondían al flujo de capital. Hoy, pese al notable aumento del comercio mundial, esa relación se invirtió, y 90 por ciento de las transacciones responden a flujos financieros, no relacionados directamente con el comercio de bienes ni de servicios.

La mayoría de esos flujos tomaron la forma de acciones y bonos altamente volátiles, derivados, contratos a futuro, intercambio de divisas y créditos a corto plazo. Para 1992, los activos financieros de los países ricos de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) totalizaban 35 billones de dólares, dos veces la producción económica del grupo ese año. La consultora administrativa McKinsey predijo que el total del stock financiero alcanzaría los 53 billones para el año 2000, “el triple de la producción económica de las economías de la OCDE”.

Mientras los activistas contra la globalización protestan por las actividades de las empresas multinacionales, ignoran las actividades de un sector mucho mayor y más poderoso, aunque casi invisible, de la economía mundial: el sector financiero.

Los cambios de la economía mundial, incluso el de la dominación del capital industrial por la del capital financiero, no se produjeron en forma natural o espontánea, como se sugiere a menudo, ni tampoco fueron resultado de avances tecnológicos.

Como demostró Eric Helleiner, los cambios fueron consecuencia directa de la modificación de la política económica de los gobiernos occidentales, y en particular de la desregulación de los mercados financieros. Estos gobiernos están integrados por políticos elegidos por la ciudadanía, y en general, con obligación de rendir cuentas por sus acciones, y no por fuerzas económicas abstractas.

Para entender estos cambios, debemos observar un hecho importante de la economía mundial. Entre 1945 y 1970, Estados Unidos y sus aliados occidentales eran grandes exportadores de capital. Desde 1970 hasta hoy, Estados Unidos y Gran Bretaña se transformaron en grandes importadores de capital, para financiar su crecimiento y, en el caso de Estados Unidos, para financiar un déficit comercial insostenible y otras obligaciones con el extranjero.

Esta reversión del flujo financiero constituye la esencia del proceso de transformación que ha dado en llamarse “globalización”.

Actualmente, Estados Unidos precisa 4.000 millones de dólares diarios para financiar su déficit y su deuda exterior. Para poder financiar su déficit sin recurrir a un ajuste estructural de su economía, Estados Unidos precisa tener acceso a los ahorros extranjeros o los mercados de capital extranjeros.

Hasta comienzos de los años 70, esos mercados estaban regulados por “controles de capital” impuestos por gobiernos en reacción a la desregulación de los años 20 y 30, a la que se responsabilizó por la crisis de los años 30. Los controles de capital habían sido acordados e implementados por líderes occidentales en virtud de la conferencia de Bretton Woods, de 1944.

Pero en la década de 1970, el gobierno de Estados Unidos comenzó a presionar a otros para que desmantelaran esos controles, de modo de poder obtener financiación para su déficit con más facilidad. El gobierno de Gran Bretaña, respaldado por el distrito financiero de Londres, aceptó con entusiasmo mediar entre Estados Unidos y los mercados internacionales de capital.

El sector financiero está constituido principalmente por acreedores e inversionistas, pero también incluye a especuladores que arriesgan su capital en mercados de valores, derivados y contratos a futuro.

Los acreedores pueden ser particulares, empresas o bancos privados, pero también pueden ser acreedores públicos, como gobiernos e instituciones multilaterales, por ejemplo el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. A través de estas instituciones, los gobiernos más ricos prestan fondos con determinadas condiciones económicas que exceden las condiciones bancarias normales, y esto permite a los gobiernos prestamistas y a sus agentes ejercer una influencia indebida sobre los países más débiles.

El crecimiento del sector financiero de 1970 en adelante aseguró la dominación de la economía mundial por los acreedores e inversionistas, y esto a su vez influyó en la planificación de las políticas económicas. Grosso modo, esas políticas pasaron de ser esencialmente inflacionarias a deflacionarias.

Las políticas inflacionarias, como lo sabe cualquiera que tenga una hipoteca y lo sostenía Keynes, transfieren activos de los acreedores a los deudores. Las políticas deflacionarias logran lo contrario: transfieren activos de los deudores a los acreedores.

Las políticas deflacionarias limitan los préstamos que pueden solicitar los gobiernos a través de recortes en el gasto público (“disciplina fiscal”). Esos recortes tienden a reducir el nivel de demanda dentro de una economía, y a la vez la reducción de la demanda hace caer los precios. Pero la caída de los precios afecta adversamente la rentabilidad, y esto lleva al cierre de fábricas y al aumento del desempleo. A su vez, el desempleo alto hace bajar los salarios y los costos. Las personas consumen menos, por lo tanto las importaciones caen y afectan los ingresos nacionales.

Esto puede llevar, como en los años 30, a una espiral deflacionaria mundial. Los banqueros y acreedores permanecen en general ciegos a esta amenaza, porque su principal preocupación sigue siendo reducir los salarios, los precios y los créditos gubernamentales, todo para proteger sus propios activos. — Third World Network Features. (FIN)

Acerca de la autora: Ann Pettifor es directora de Jubilee Research, la organización sucesora de Jubilee 2000 UK. Este artículo, basado en su discurso a la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la primacía de los derechos humanos sobre los derechos del capital, fue publicado por primera vez en Radical Economics (Enero/Febrero 2003).

Al reproducir este artículo, acredítelo a Third World Network Features y, si corresponde, a la revista cooperadora o agencia involucrada, e inserte el pie de autor. Sírvase enviarnos recortes.

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