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Trabajo

Lunes 9 de Enero de 2006

La globalización no reduce la pobreza, según OIT

por Kanaga Raja

El crecimiento económico mundial no generó la creación de más y mejores oportunidades de trabajo que conduzcan a la reducción de la pobreza en el planeta, según la Organización Internacional del Trabajo.

Es un hecho cada vez más común que el crecimiento económico mundial no se expresa en más y mejores puestos de trabajo que llevan a la reducción de la pobreza, señaló la Organización Internacional del Trabajo (OIT) el 9 de diciembre. En la cuarta edición de Indicadores Clave del Mercado de Trabajo (KILM, por sus siglas en inglés), la OIT señaló que, en la actualidad, la mitad de los trabajadores del mundo aún no ganan lo suficiente para sacarse a sí mismos y sus familias por encima de la línea de pobreza de 2 dólares diarios.

La OIT concluyó que por cada punto porcentual adicional en el crecimiento del PBI el empleo mundial creció solo 0,30 por ciento entre 1999 y 2003, comparado con 0,38 por ciento entre 1995 y 1999.

La OIT destacó que las distintas regiones exhiben resultados mixtos en cuanto a la creación de empleos, la productividad, las mejoras salariales y la reducción de la pobreza.

“El mensaje clave es que hasta el momento mejores empleos e ingresos para los trabajadores del mundo no han sido la prioridad de las políticas de Estado”, declaró el Director General de la OIT, Juan Somavia.

“Hasta la fecha la globalización no condujo en el planeta a la creación de oportunidades de trabajo dignas que sean suficientes y sostenibles. Eso tiene que cambiar, y como han dicho numerosos gobernantes, debemos convertir al trabajo digno en un objetivo central de todas las políticas económicas y sociales”.

El nuevo KILM describe un panorama en profundidad de la cantidad y la calidad de los empleos en el planeta mediante el análisis de 20 indicadores claves del mercado laboral.

Abarca temas cuantitativos que incluyen la participación en la fuerza laboral, el empleo, la falta de actividad, las elasticidades del empleo, el empleo por sectores, la productividad laboral y el desempleo. Entre los temas cualitativos se incluyen las horas trabajadas, los salarios, la situación de empleo y la duración del desempleo.

El estudio revela que en algunas zonas de Asia la expansión económica fomenta el crecimiento sólido de empleos y mejoras en las condiciones de vida, pero en otras zonas como África y partes de América Latina hay un número creciente de personas que trabajan en condiciones menos favorables, especialmente en el sector agrícola.

Con frecuencia los empleos nuevos les proporcionan a millones de trabajadores el ingreso apenas suficiente para mantenerse por encima de la línea de pobreza, o se encuentran muy por debajo de toda medida suficiente de labor satisfactoria y productiva. El número total de mujeres y hombres que trabajan y que viven con menos de 2 dólares por día no ha descendido en la última década, aunque siendo de 1.380 millones de personas, representa una proporción más pequeña del empleo mundial, poco menos de 50%, lo que es un descenso frente al 57% de 1994.

En muchas economías en desarrollo el problema es principalmente la falta de oportunidades de trabajo dignas y productivas en lugar del desempleo propiamente dicho. Mujeres y hombres trabajan mucho y arduamente a cambio de muy poco porque su única alternativa es contar con cero ingresos.

El estudio señaló que el crecimiento económico no está conduciendo a la creación de empleos. En los últimos años la relación entre el crecimiento económico y el crecimiento del empleo se ha debilitado, lo que significa que el crecimiento no se manifiesta automáticamente en empleos nuevos.

El indicador de ‘elasticidades de empleo’ del estudio indaga la relación entre el crecimiento económico medido en PBI y dos de las variables contributivas del crecimiento, el cambio positivo o negativo en el empleo y en la productividad.

El mismo halló que por cada punto porcentual adicional de crecimiento en el PBI el empleo total del planeta creció sólo 0,30 por ciento entre 1999 y 2003, lo que representa un descenso ante el 0,38 por ciento entre 1995 y 1999.

Como el empleo crece entre 0,5 y 0,9 por ciento por cada punto porcentual adicional del crecimiento del PBI, el crecimiento de empleo más intensivo tuvo lugar en Medio Oriente y en África del norte y subsahariana.

No obstante, el análisis de otros indicadores muestra que gran parte del crecimiento del empleo en estas regiones corresponde a la categoría de ‘empleos por cuenta propia’, que incluye a la mayoría de las mujeres y de los hombres en la economía informal, donde las condiciones de trabajo suelen ser mediocres.

Mientras muchos de los puestos de trabajo se crean en economías donde la agricultura domina el empleo, como las de África subsahariana, muchos de esos puestos corresponden a la economía informal, con bajos niveles de productividad, y no ofrecen a los trabajadores los ingresos necesarios para sacarlos a ellos o sus familias de la pobreza. Por ejemplo, el número de trabajadores que viven con menos de 1 dólar por día aumentó 28 millones en África subsahariana entre 1994 y 2004.

Por el contrario, la expansión económica en Asia oriental (que incluye a China, Hong Kong-China, Corea del Norte, Corea del Sur, Mongolia, Macao-China y Taiwán China) fue suficiente para generar el crecimiento del empleo, el crecimiento de la productividad y la reducción de la elevada incidencia de la pobreza en la región. La región asiática presentó una reducción sustancial del número de personas trabajadoras que viven con menos de 1 dólar diario mientras el número de pobres que trabajan descendió 131 millones entre 1994 y 2004.

Por otra parte, América Latina experimentó un descenso en la intensidad de empleos del crecimiento entre 1999 y 2003. Simultáneamente, el número de pobres que trabajan en la región al nivel de 1 dólar por día aumentó 4,4 millones.

Tanto en Europa Occidental como en América del Norte el sector de los servicios experimentó el crecimiento más robusto en cuanto a valor agregado y crecimiento del empleo. Entre 1991 y 2003, por cada punto porcentual de crecimiento en el sector de los servicios el empleo creció 0,57% en América del Norte y 0,62% en Europa Occidental.

Sin embargo, el estudio halló evidencias de una divergencia en la conducta del empleo entre América del Norte y Europa Occidental entre 1991 y 2003, con la intensidad del empleo del crecimiento descendiendo en la primera y aumentando en la última entre 1991 y 1999, con una reducción posterior importante en América del Norte y una reducción leve en Europa Occidental entre 1999 y 2003.

El estudio encontró que el sector agrícola representaba 43% del total del empleo en el mundo y que las regiones donde la agricultura sigue dominando son Asia oriental, sudeste de Asia, Asia meridional y África subsahariana. Estas regiones contienen más de 60% de la población económicamente activa del mundo.

Todas las economías desarrolladas tuvieron la mayor proporción de empleos en el sector de servicios, al cual le sigue la industria y una pequeña proporción (inferior al 10%) en la agricultura. El sector de mayor crecimiento en los últimos 10 años ha sido el de los servicios.

Otra conclusión importante es que la desigualdad salarial va en aumento en el mundo.

En todo el mundo, entre 1990 y 2000 los salarios crecieron más en las ocupaciones especializadas que en aquellas con menor especialización. Aunque estas conclusiones no revelan un deterioro general de la posición salarial para los trabajadores menos especializados, sí sugieren el crecimiento de la desigualdad salarial entre los trabajadores especializados y no especializados en la década de 1990.

El estudio atribuye la creciente desigualdad salarial en las economías desarrolladas principalmente a la mayor demanda de mano de obra especializada, la cual es escasa, y a la menor demanda de trabajadores con educación inferior. Otros factores explicativos, aunque de menor impacto, son el aumento del comercio con los países en desarrollo y la mayor inmigración de trabajadores no especializados.

En los países en desarrollo entre los factores que incidieron en la creciente desigualdad salarial están los agregados salariales en las industrias producto de cambios en la política comercial que favorecen a los trabajadores en industrias específicas, el tamaño creciente de la economía informal (que por lo general tiene salarios inferiores y condiciones de trabajo menos favorables), y la escasez de trabajadores especializados.

El estudio señaló que la competitividad de una economía de salarios elevados no está amenazada inmediatamente por los costos laborales inferiores de otros lados, ya que los países con costos laborales bajos también se caracterizan, por lo general, por una menor productividad.

El mismo subrayó cómo la competitividad está determinada por los resultados combinados de elementos del proceso productivo: el costo de la utilización de la mano de obra (compensación laboral) y la productividad de la mano de obra (producción por persona empleada) y por las fluctuaciones del tipo de cambio.

El análisis que hace el estudio de la competitividad en el indicador “costos laborales por unidad” revela que:

* En la Unión Europea-15 no son tanto los altos costos laborales sino la productividad menor en el sector manufacturero y la apreciación del euro que amenazan la posición competitiva de la región ante los Estados Unidos.

* El nivel del costo laboral por unidad manufacturera en Japón no sólo es alta en relación con Estados Unidos, sino también en comparación con la de la UE-15.

Sin embargo, desde mediados de la década de 1990 la brecha descendió debido a la moderación en el crecimiento salarial en Japón, el debilitamiento del tipo de cambio entre el yen y el dólar en 2005 y la mejora en el rendimiento de la productividad comparativa de la industria manufacturera japonesa.

* La República de Corea mostró una rápida mejora en la productividad laboral relativa a los Estados Unidos, pero los costos laborales por unidad en el país aumentaron debido a los rápidos incrementos salariales a principios de los años 90.

* La productividad se debilitó en México, pero como los niveles de compensación laboral son inferiores, los costos laborales por unidad también se mantuvieron inferiores que en los Estados Unidos.

Estados Unidos siguió exhibiendo los mayores niveles de productividad laboral medidos como valor agregado por persona empleada. A pesar del mayor crecimiento de la productividad en algunos países de la Unión Europea, especialmente en los miembros nuevos de la Unión Europea, la brecha en la productividad, medida en valor agregado por persona empleada, entre Estados Unidos y las economías más desarrolladas sigue ampliándose. Una excepción es Irlanda, donde esta medida de la brecha de productividad con Estados Unidos se ha ido reduciendo desde 1980.

Sin embargo, si la productividad se mide por valor agregado por hora, algunos países europeos son más productivos que Estados Unidos y para otros la brecha es inferior. No obstante, la mayoría de los europeos trabajan menos horas y tienen más vacaciones que sus pares de Estados Unidos.

Otras de las principales conclusiones del estudio de la OIT son:

* Las mujeres siguen recuperando terreno frente a los hombres en cuanto a la participación de los mercados de trabajo en todo el mundo. No obstante, las mujeres siguen participando más que los hombres en empleos con salarios bajos, baja productividad y de tiempo parcial, y en muchas regiones como el Medio Oriente, el norte de África y Asia meridional, la participación femenina en el mercado de trabajo sigue estando muy rezagada.

* La pobreza con trabajo más severa crece en África, pero desciende en Asia y Europa central y oriental.

* El porcentaje de desempleo juvenil duplica, por lo menos, el desempleo de los adultos, y en ocasiones es muy superior. Sin embargo, en la mayoría de los países, la tasa de analfabetismo de los adultos es superior a la de los jóvenes, lo que sugiere que los jóvenes están cada vez mejor preparados para el mercado laboral.

* Las economías desarrolladas y la Unión Europea enfrentan un número creciente de recursos laborales ‘subutilizados’, entre ellos los desempleados y los trabajadores de tiempo parcial involuntarios que buscan empleo de tiempo completo. Tanto en Francia como en Italia el porcentaje de mano de obra ‘subutilizada’ alcanzó al 21% en 2004, frente al 17% en 1994 en Francia y al 12% en Italia. Third World Network Features

Acerca del autor: Kanaga Raja es investigador de la Red del Tercer Mundo, radicado en Ginebra.




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