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Martes 12 de Julio de 2005

Cumbre del sur pide seguimiento

por Martin Khor

La Cumbre del Sur celebrada en junio en Doha, Qatar, permitió a los líderes de países en desarrollo expresar preocupaciones comunes mientras se preparan para una reunión crucial sobre la reforma de la ONU, en septiembre. También produjo una Declaración y un Plan de Acción. Pero se precisa seguimiento.

Una vez cada cinco años, los líderes políticos del mundo en desarrollo se reúnen en la Cumbre del Sur, que reúne a los miembros del Grupo de los 77 y a China.

El Movimiento de Países No Alineados, al que pertenecen casi todos esos mismos países, se reúne cada tres años. La última vez fue en Kuala Lumpur, Malasia, el país que actualmente coordina a los No Alineados.

El G-77 y los No Alineados son los dos organismos paraguas del Sur. El G-77 se dedica principalmente a cuestiones económicas y sociales, y los No Alineados a asuntos políticos y de seguridad.

El 15 y 16 de junio pasados, el G-77 y China celebraron la segunda Cumbre del Sur en Doha. Quizá el observador escéptico se pregunte: “¿Otra cumbre? ¿Otra declaración? ¿Se tomará alguna medida?”

De hecho, el Sur debe esforzarse más por actuar en conjunto, pero por otro lado, el mundo se ha vuelto más complejo y peligroso. No es fácil coordinar las opiniones y los intereses de tantos países ni traducirlos en acciones, como ser negociaciones en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) o la Organización Mundial del Comercio (OMC).

La cumbre de Doha fue una valiosa oportunidad para que los líderes políticos del Sur intercambiaran opiniones y experiencias, en especial con miras a la reunión de la Asamblea General de la ONU que se realizará en septiembre, para decidir sobre la reforma del foro mundial.

La Cumbre del Sur adoptó dos importantes documentos: la Declaración de Doha, de índole política, y el Plan de Acción de Doha, orientado a la acción. Ambos contienen más que palabras. Juntos, constituyen una serie de principios y un mapa de ruta que puede guiar a los países en desarrollo en las negociaciones y en actividades de cooperación Sur-Sur.

El primer ministro de Jamaica y actual presidente del G-77, P.J. Patterson, calificó la cumbre de “altamente exitosa”. Los líderes de gobierno analizaron el estado del Sur, el ambiente mundial y las respuestas de los países en desarrollo, y determinaron un curso de acción para el Sur, destacó.

“No podemos sólo esperar cooperación entre los países del Sur, sino que debemos adoptar medidas adecuadas e implementar programas para hacerla realidad”, exhortó Patterson, y enumeró las prioridades identificadas por la cumbre, a saber:

• establecer una estrategia común para asegurar espacio político nacional para los países en desarrollo, en especial en materia de comercio, inversión y políticas financieras e industriales; • mejorar la participación de los países en desarrollo en la toma de decisiones económicas y determinación de normas a nivel internacional, y • asegurar la máxima prioridad para el desarrollo en la reforma de la ONU, y aumentar la ayuda para los países en desarrollo.

Patterson dijo que la Cumbre identificó mecanismos de acción, entre ellos el fortalecimiento de redes y centros de promoción de la excelencia en diversas áreas, acuerdos de cooperación económica y comercial entre países del Sur, y promoción de intercambios culturales.

Agregó que los líderes procuraron cambios en el modelo de las relaciones Norte-Sur y un fortalecimiento del diálogo con los países industrializados.

“Nos vamos de Doha convencidos de que el G-77 y China están ahora imbuidos de la visión y unidad que nos permitirán superar formidables desafíos y nos asegurarán un crecimiento más fuerte en las próximas décadas”, concluyó.

Antes, el primer ministro de Malasia, Abdulá Badawi, había destacado tres prioridades para el Sur cuando habló en la ceremonia inaugural.

En primer lugar, dijo, los países en desarrollo deben unirse y actuar juntos, para así tener el peso y la credibilidad necesarios para expresar preocupaciones y promover objetivos comunes.

En segundo lugar, se debe asegurar que el desarrollo ocupe un primer plano en la agenda internacional. En este sentido, Malasia propuso que se dé un enfoque de desarrollo a los derechos de propiedad intelectual, por ejemplo garantizando el acceso a los medicamentos.

Por último, se debe reestructurar el sistema económico internacional para rectificar asimetrías de poder, dado que actualmente el poder se basa en la fuerza económica y militar, desprovistas de preocupaciones humanitarias.

Badawi instó a los No Alineados y al G-77 a trabajar más estrechamente que en el pasado para promover la posición del Sur y lograr una mayor “inclusión” en el sistema mundial.

La Declaración de Doha, como documento político, puede servir de base para un trabajo de seguimiento. Un punto destacado es su posición acerca de la reforma de la ONU y la reunión de la Asamblea General del próximo septiembre.

El Plan de Acción de Doha, por otra parte, ofrece una lista detallada de cuestiones clave y propuestas de acciones en cuatro grandes áreas: globalización, conocimiento y tecnología, cooperación Sur-Sur y relaciones Norte-Sur.

Ambos documentos destacan el concepto del “espacio político nacional” que los países en desarrollo deben tener para poder desarrollarse, y que el Norte debe respetar, en especial en las negociaciones multilaterales. Esto es una respuesta de los líderes del G-77 al debilitamiento de ese espacio político por las normas de la OMC y las condiciones de los créditos del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, así como de acuerdos comerciales bilaterales.

“Destacamos la necesidad de normas internacionales para dar espacio y flexibilidad política a los países en desarrollo, lo que está directamente relacionado con las estrategias de desarrollo de los gobiernos nacionales”, dice la Declaración.

Los líderes instaron a incorporar la dimensión del desarrollo al proceso de reforma de la ONU y a permitir la plena participación del Sur en decisiones internacionales y procesos económicos de determinación de normas.

Asimismo, expresaron profunda preocupación porque los beneficios de la globalización y la liberalización han sido muy desparejos, la brecha de ingresos entre el Norte y el Sur se ha ampliado, y la pobreza ha aumentado en muchos países.

Es necesaria una estrategia mundial que otorgue prioridad a la dimensión del desarrollo en los procesos mundiales, así como una mayor coherencia entre los sistemas internacionales de comercio, finanzas y políticas monetarias, dijeron.

El Plan de Acción de Doha establece muchos puntos de acción para su seguimiento. Varios de ellos son similares a los del Programa de Acción adoptado en la primera Cumbre del Sur, celebrada en 2000 en La Habana.

De hecho, algunos de los líderes de la Cumbre de Doha lamentaron que sólo una pequeña minoría de las acciones propuestas en esa ocasión se hayan implementado.

Queda por ver si esta vez el G-77 aplicará un mecanismo de serio para realizar un seguimiento del Plan de Acción de Doha.

La sección del Plan referente a globalización plantea posiciones que el Sur debería adoptar en la OMC en materia de comercio, productos básicos, propiedad intelectual y finanzas. Su sección sobre relaciones Norte-Sur exhorta a los países ricos a hacer más en materia de alivio de la deuda, ayuda al desarrollo y transferencia de tecnología.

En materia de conocimiento y tecnología, los líderes del G-77 prometieron fortalecer la cooperación Sur-Sur sobre ciencia y tecnología, mejorar el acceso y el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, promover el gobierno electrónico y convocar un Foro Cultural Sur-Sur.

El Plan contiene muchas propuestas para la cooperación Sur-Sur en materia de comercio, producción de medicamentos y para fortalecer las instituciones que faciliten las actividades conjuntas de los países en desarrollo.

El primer ministro de Jamaica transmitió los resultados de la cumbre al Grupo de los Ocho en su reunión de Gleneagles, Escocia, del 6 al 8 de julio. – Third World Network Features




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