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Seguridad Mundial

Lunes 16 de Mayo de 2005

El agua y la guerra

por Steve Lonergan

Las tensiones por el agua aumentarán a medida que se agrave su escasez, pero es posible evitar el conflicto directo, según el siguiente artículo.

Los propósitos de las Naciones Unidas son, según su Carta constitutiva, mantener la paz y la seguridad internacionales; fomentar entre las naciones relaciones de amistad; cooperar para resolver problemas internacionales de carácter económico, social, cultural o humanitario, y en el desarrollo y estímulo del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, y servir de centro que armonice los esfuerzos de las naciones por alcanzar estos propósitos comunes. Estos propósitos fueron ratificados y aclarados en la Declaración del Milenio de las Naciones Unidas, en 2000. Actualmente, las actividades de las Naciones Unidas se definen en tres áreas: paz y seguridad; desarrollo, y derechos humanos y democracia.

A medida que nos adentramos en el siglo XXI, surgen nuevos desafíos. Nos enfrentamos a la vez con viejas y nuevas amenazas a la paz y la seguridad internacionales; los líderes mundiales han reconocido la pobreza como el mayor de los problemas que enfrenta el mundo en el nuevo siglo, y los valores fundamentales de libertad, igualdad, solidaridad, tolerancia, respeto por la naturaleza y responsabilidad compartida son ahora valores comunes mediante los cuales se puede avanzar en las dos categorías anteriores.

En cada una de esas áreas, el ambiente y los recursos tienen un papel central. Las amenazas a la seguridad común incluyen ahora las llamadas “amenazas blandas”: degradación ambiental, agotamiento de recursos, enfermedades contagiosas y corrupción, por nombrar sólo unos pocos.

Ahora se reconoce que la degradación ambiental y tanto la escasez como la abundancia de recursos son fuentes potenciales de conflictos –y de cooperación– y deben ser atendidas de manera más sistemática en este contexto. El acceso al agua dulce y a servicios de saneamiento son una precondición para alcanzar otros objetivos internacionalmente aceptados en la Declaración del Milenio.

En ningún lugar es este asunto más importante que en Medio Oriente, donde el agua se considera un recurso “estratégico” y las tensiones por ella entre los países de la región son altas. Allí, el agua se ha vuelto una cuestión política, y todos los acuerdos de paz propuestos o firmados en los últimos años se refieren al agua.

Esto ha llevado a algunos a realizar el pronóstico –atribuido al ex secretario general de las Naciones Unidas, Boutros Boutros Ghali, y al difunto rey Hussein de Jordania– de que “la próxima guerra en Medio Oriente será por el agua”. Este discurso se ha apoderado de la imaginación pública y ha causado gran consternación en las comunidades de inteligencia de diversos países, los cuales temen que el agua y otros recursos escasos se conviertan en causa de guerras internacionales en el futuro.

Recurso escaso

En muchos casos, tales comentarios son exageraciones de la prensa, y en otros, declaraciones realizadas con fines políticos. Sin embargo, sin importar la fuente o el motivo, el agua es claramente un recurso escaso en algunas regiones. Ya existen tensiones sobre el uso, la propiedad y los derechos sobre el agua, y es probable que aumenten en el futuro. Medio Oriente y África son las regiones más preocupantes: se prevé que, para 2025, 40 países en esas regiones padecerán estrés o escasez de agua.

La escasez de agua es una función de la oferta y la demanda. La demanda aumenta a un ritmo alarmante en algunas regiones, debido al crecimiento de la población y al incremento del consumo por habitante. En muchos países con escasez de recursos hídricos, como Jordania e Israel, no existe una forma obvia ni económica de aumentar la oferta de agua, y por tanto es probable que surjan tensiones entre diferentes usuarios. En otros países, como Egipto, el abandono de cultivos que requieren uso intensivo de agua o la importación de agua de países vecinos pueden ofrecer soluciones razonables.

La segunda crisis es la del deterioro de la calidad del agua. La agricultura es el mayor contaminante: el creciente uso de fertilizantes y pesticidas químicos ha contaminado tanto fuentes de agua superficiales como subterráneas. También está en aumento la contaminación doméstica e industrial, y el problema afecta tanto a países industrializados como en desarrollo.

Finalmente, el uso del agua tiene una dimensión geopolítica. El agua va de los usuarios río arriba a los usuarios río abajo, por lo tanto el uso en un lugar afecta la cantidad y la calidad del recurso en el otro. También existen aspectos históricos, culturales, económicos y sociales del uso del agua. Para algunos, el agua es un regalo de Dios y no debería tener precio, mientras que para otros, como el Banco Mundial, debería fijarse un precio marginal para el agua.

La falta de un marco legal adecuado para resolver disputas internacionales por el agua presenta otro problema. Existen cuatro doctrinas acerca de la soberanía sobre ríos internacionales: soberanía territorial absoluta, según la cual los estados ribereños pueden usar el agua a voluntad, incluso en detrimento de otros países; integridad territorial absoluta, es decir que el uso de un río no debería afectar negativamente a los estados ribereños río abajo; soberanía territorial limitada, una combinación de las dos doctrinas anteriores en un marco de uso equitativo de todas las partes, y comunidad de estados co-ribereños, que promueve la gestión integrada de cuencas fluviales.

Implicaciones mundiales

Los problemas de escasez y contaminación del agua afectan la salud humana y de los ecosistemas, y pueden obstaculizar el desarrollo económico y agrícola. A su vez, los problemas locales y regionales pueden afectar al resto del mundo, amenazando los suministros de alimentos y el desarrollo económico mundial. La Comisión de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sustentable advirtió que estos problemas podrían provocar una serie de crisis locales y regionales por el agua, con graves consecuencias mundiales.

¿Es probable que haya conflictos violentos por el agua en el futuro? La experiencia sugiere que no. Sin embargo, muchos afirman que la probabilidad de conflicto está en aumento. La base para la mayoría de las proyecciones de futuros conflictos es que, debido al aumento de la demanda, la reducción de la disponibilidad de agua dulce (por la explotación de agua subterránea y la contaminación) y los efectos adversos del agua de mala calidad en la salud, la escasez provocará violencia y guerras por el agua. Sin embargo, pelear por agua tiene muy poco sentido en términos económicos y políticos.

No hay duda de que la escasez de agua será un problema en algunas regiones en el futuro. El calentamiento global probablemente altere los patrones de las lluvias y de evapo-transpiración en muchas regiones, y la planificación del suministro de agua a largo plazo debe tener esto en cuenta. Tampoco hay duda de que el agua costará más a medida que escasee. Esto requerirá mejoras en la eficiencia del agua, y posiblemente la reestructuración de economías, eliminando sectores que hacen un uso intensivo del recurso.

Las mejoras más notables pueden hacerse en la agricultura, dado que la irrigación representa 70 por ciento del uso mundial del agua. A medida que aumenta el precio del agua, entran en funcionamiento diferentes sistemas de distribución: transporte en camiones cisterna, por acueductos de larga distancia y aun en sacos de plástico. También es posible que se haga mayor uso de la tecnología de desalinización, aunque hasta la fecha esto ha sido prohibitivamente costoso y se ha restringido principalmente a países con excedente de energía. La importación de agua, como en Singapur, podría volverse más normal.

Otros dos factores podrían incidir en las tensiones por el agua. Primero, la escasez de agua podría impulsar las importaciones de alimentos. La mitad de la población mundial dependerá pronto del mercado mundial para su seguridad alimentaria, y se volverá muy difícil para los países con escasez de agua financiar esas importaciones. Segundo, se prevé una mayor competencia por el agua: entre poblaciones urbanas y rurales, entre la agricultura y sectores domésticos, y entre países. Esto podría exacerbarse por una rápida urbanización. Sin embargo, muchos de los problemas de abastecimiento de agua podrían resolverse mediante acuerdos cooperativos y cierto grado de inversión económica. Tales acuerdos y la diplomacia preventiva sobre las fuentes de agua compartidas seguirán predominando.

Disputas por el agua

Existen pocas pruebas históricas de que la escasez de agua haya causado conflictos violentos, aunque en muchos casos, el agua ha sido un objetivo estratégico, como parte de actividades militares. Sin embargo, ha habido muchas disputas por el agua dentro de países. Es posible que la probabilidad de conflictos violentos por el agua varíe inversamente a la dimensión (y la clase) de los órganos políticos involucrados.

No obstante, la escasez de agua estará en el primer plano de la agenda internacional en las próximas décadas. En algunos casos, el agua podría ser incluso un factor que contribuya a conflictos internacionales. El profesor de hidrología Uri Shamir, miembro del equipo negociador de Israel en el proceso de paz en Medio Oriente, dijo una vez: “Si hay voluntad política para la paz, el agua no será un obstáculo. Pero si se buscan razones para pelear, el agua brindará abundantes oportunidades”. – Third World Network Features

Acerca del autor: Steve Lonergan es el director de la División de Alerta Temprana y Evaluación del PNUMA y coautor, con David Brooks, de Watershed: The Role of Freshwater in the Israeli-Palestinian Conflict (IDRC Books, 1994).

Este artículo se publicó por primera vez en Our Planet (Vol. 15 No. 4), la revista del PNUMA.




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