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Comercio

Viernes 13 de Agosto de 2004

Reuniones de OMC finalizan con acuerdo desequilibrado.

por Martin Khor

La Organización Mundial del Comercio terminó una semana de intensas negociaciones con un acuerdo sobre cómo proseguir con las negociaciones de Doha, evitando así otro fracaso al estilo Cancún. Los países en desarrollo obtuvieron algunas ganancias, pero las pérdidas las superaron.

El 31 de julio, los miembros de la Organización Mundial del Comercio (OMC) llegaron a un acuerdo en Ginebra para reanudar las estancadas negociaciones comerciales, tras una semana de intensas reuniones.

La OMC adoptó marcos para seguir conversando sobre el comercio de bienes agrícolas e industriales, los llamados temas de Singapur, los servicios y los “problemas de desarrollo”. Estos marcos serán la base para la próxima fase de las negociaciones, en que los diplomáticos comerciales deberán acordar “modalidades”, es decir, principios y cifras para la reducción de aranceles, por ejemplo.

Las negociaciones se incluyen en el programa de trabajo acordado en la Conferencia Ministerial de la OMC realizada en Doha, Qatar, en 2001.

Una primera lectura de los resultados revela algunas ganancias importantes para los países en desarrollo. Sin embargo, las pérdidas también fueron significativas en algunas áreas críticas.

Además, las reuniones y su resultado revivieron el viejo problema del control del proceso de decisión de la OMC por las grandes potencias y la falta de consideración por las posiciones de los países en desarrollo.

Según el director general de la OMC, Supachai Panitchpakdi, la OMC logró lo que no había logrado el pasado septiembre en Cancún, donde la Conferencia Ministerial terminó sin ninguna decisión.

“El multilateralismo ha tenido un triunfo menor”, celebró en una conferencia de prensa realizada en la mañana del 1 de agosto, y recordó que algunos habían predicho que la reunión de Ginebra sería otro Cancún. “Este acuerdo ha fortalecido la creencia en el sistema multilateral de comercio”.

De hecho, fue el temor a un colapso al estilo Cancún lo que llevó a muchos países en desarrollo a aceptar un acuerdo que habían criticado cuando salió a la luz su primer borrador, el 16 de julio. Sólo algunas de las preocupaciones señaladas fueron atendidas, pero los países en desarrollo decidieron transigir por temor a ser culpados de otro fracaso de la OMC y a que el sistema sufriera otro golpe.

Las reuniones de Ginebra arrojaron dos logros importantes para el Sur en general.

En primer lugar, los países industrializados acordaron en principio eliminar los subsidios agrícolas a las exportaciones y ocuparse de medidas similares como los créditos a las exportaciones, aunque todavía no decidieron una fecha para tal eliminación. Esta medida reduciría algunos de los subsidios de los países ricos más distorsionadores del comercio, que han excluido injustamente a los productos agrícolas de los países en desarrollo.

En segundo lugar, tres de los impopulares “temas de Singapur” (inversiones, competencia y transparencia en la contratación pública) fueron excluidos de la agenda de negociaciones de la OMC, al menos durante el período del programa de Doha. Los países en desarrollo se habían opuesto a estos asuntos, porque creían que interferirían con sus políticas nacionales y obstaculizarían su desarrollo económico.

Los intentos de los países ricos de establecer nuevos acuerdos sobre los temas de Singapur habían generado una acalorada controversia durante años y fueron un factor importante en el derrumbe de Cancún.

La decisión no aclaró si las discusiones (a diferencia de las negociaciones) continuarían en la OMC, y dejó abierta la posibilidad de su reanudación una vez finalizado el programa de Doha. Sin embargo, la exclusión de las negociaciones fue un gran alivio para los países en desarrollo.

Por otra parte, hubo algunos reveses. Por lejos, la peor decisión fue la adopción de un marco sobre el comercio de bienes industriales, que podría hacer que importaciones baratas acaben con industrias y productos nacionales de los países en desarrollo.

El marco sobre acceso a mercados no agrícolas, contenido en el Anexo B del acuerdo de Ginebra, establece una fórmula para reducir notablemente los aranceles, con recortes mayores cuanto más altos sean éstos. Por ejemplo, un arancel de 40 por ciento sobre determinado producto debería reducirse a siete por ciento. Asimismo, el marco prevé la rápida eliminación de aranceles a los productos de varios sectores industriales.

Si estas medidas se aceptan, podrían amenazar la supervivencia de industrias nacionales. La mayoría de los países en desarrollo (en especial de Africa y el Caribe) se habían opuesto al Anexo durante meses, y sus representantes se indignaron cuando se enteraron en Ginebra de que tendrían que aceptarlo de todas maneras.

En determinado momento, pareció que las reuniones de Ginebra iban a fracasar en este punto. Al final, los países en desarrollo aceptaron el impopular Anexo, con la condición de que fuera precedido de una explicación sobre la necesidad de más negociaciones sobre varios de sus elementos.

Esto ha dado a los países en desarrollo un espacio desde donde continuar su batalla por un mejor marco, pero como el actual Anexo es la base de las negociaciones, esa será una ardua tarea.

Con respecto a la agricultura, los países industrializados lograron su propósito de introducir algunas de sus iniciativas en el texto, mientras que los países en desarrollo no consiguieron avances significativos.

Los países ricos impulsaron un cambio en las normas de la OMC para poder incluir nuevos tipos de subsidios agrícolas nacionales en el llamado “compartimento azul”. Este asunto dividió a la reunión y amenazó con hacerla fracasar.

Los países en desarrollo consideraron que tal iniciativa permitiría un aumento de los subsidios nacionales en su conjunto, burlando así el objetivo declarado de la OMC de reducir los subsidios. Para destrabar la situación, se acordó que el tema sería revisado en el futuro, pero esto representó una ventaja para los defensores del “compartimento azul”.

Los países ricos también lograron que sus productos agrícolas altamente protegidos fueran incluidos en la categoría de “productos sensibles”, no sujetos a la fórmula estándar de reducción de aranceles. Este concepto de “productos sensibles” apareció repentinamente en el texto hace 15 días, sin haber sido discutido en detalle.

En contraste, los países en desarrollo pretenden desde hace años que ciertos productos agrícolas de los que dependen muchos pequeños agricultores sean designados "productos especiales" y exonerados de nuevas reducciones arancelarias. Aunque la reunión de Ginebra ofreció cierto reconocimiento a esos productos especiales, no le otorgó la exoneración. En el futuro, se deberá establecer la definición de esos productos y qué tratamiento especial recibirían.

Otro golpe al Sur fue el tratamiento dado a la cuestión del algodón. Los miles de millones de dólares ofrecidos en subsidios a los cultivadores de algodón en países ricos, principalmente Estados Unidos, arruinan a los productores de Africa occidental. La propuesta de éstos de un tratamiento especial y una eliminación rápida de los subsidios fue debilitada en la reunión, que sólo emitió una promesa general de tratar el asunto de manera ambiciosa y establecer un subcomité del algodón.

También se decidió lanzar negociaciones sobre nuevas normas referidas a la "facilitación del comercio", uno de los cuatro temas de Singapur originales. Los países en desarrollo se resistían a ese lanzamiento, preocupados por los costos de implementación de las nuevas normas. Sin embargo, lo aceptaron en base a la promesa de los países industrializados de asistirlos en la implementación, incluso en el desarrollo de infraestructura.

En cuanto a los "problemas de desarrollo", las reuniones de Ginebra no produjeron medidas concretas para dar tratamiento especial a los países en desarrollo ni resolver sus numerosos problemas de aplicación de las normas de la OMC. Simplemente estableció nuevos plazos (los anteriores vencieron hace tiempo) para considerar los problemas y presentar los informes correspondientes.

De hecho, las reuniones de Ginebra representaron otro paso atrás en cuanto a los llamados "problemas de desarrollo", que no han obtenido solución alguna durante años.

Las negociaciones de Doha se lanzaron en 2001 con grandes discursos sobre la necesidad de dar prioridad a los intereses de los países en desarrollo. Lamentablemente, los aspectos negativos pesaron más que los positivos en las reuniones de Ginebra. De esta forma, el desarrollo sigue en el discurso, mientras algunas nuevas decisiones (en especial sobre aranceles industriales) amenazan las perspectivas de desarrollo. (FIN) Third World Network Features.




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