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Seguridad Mundial

Viernes 23 de Abril de 2004

Crisis de Irak alcanza punto álgido

por Martin Khor

Sin duda los dramáticos sucesos de Irak han acaparado los recientes acontecimientos mundiales. La resistencia iraquí ha sido llevada a un nuevo nivel. Las fuerzas de ocupación enfrentan numerosos problemas: más víctimas, la inminente retirada de tropas por parte de países de la coalición, renuncias en el consejo de gobierno. A medida que la situación se deteriora para los ocupantes, surgen numerosas interrogantes.

Los recientes acontecimientos dramáticos han llevado la situación de Irak a un punto álgido. Las fuerzas de ocupación dirigidas por los Estados Unidos ya no se enfrentan únicamente a emboscadas y bombas instaladas en diversos lugares. Ahora enfrentan una insurgencia generalizada en numerosas ciudades y distritos del país, y parecen haber perdido el control, no solamente de las condiciones en el terreno sino del corazón y las ideas de la población así como de algunos de sus aliados militares.

El nuevo ciclo de la batalla comenzó el 31 de marzo, cuando cuatro civiles estadounidenses sufrieron una emboscada en sus vehículos, en Fallujah. Sus cuerpos incinerados fueron arrastrados por las calles de la ciudad y luego colgados de un puente. Las imágenes horripilantes conmocionaron al mundo y trasladaron a los hogares de millones de personas no solamente la brutalidad del conflicto sino también el intenso odio iraquí por la ocupación que debe haber instigado la acción.

Las recientes manifestaciones de miles de milicias Al Mehdi del clérigo chiíta Muqtader Sadr, que se llevaron a cabo en varias ciudades y a las cuales respondieron con acciones militares que arrojaron decenas de muertos, demostraron cuánto se ha extendido la resistencia iraquí, que abarca desde los suni a la mayoría chiíta musulmana.

El bombardeo de un helicóptero estadounidense a una mezquita, que causó la muerte de 40 personas, enardeció aún más la situación.

Un reciente sitio de las fuerzas estadounidenses en Fallujah, que según los informes provocó la muerte de 400 iraquíes y miles de heridos, señaló la escalada del conflicto y sumó más iraquíes a la lucha contra la ocupación.

Se libraron batallas en varias ciudades. Las tropas de ocupación intentaron recapturar ciudades o partes de ciudades que habían quedado bajo el control de numerosos combatientes de la resistencia iraquí.

Para las fuerzas de ocupación, la situación ha pasado de ser un mal sueño a una pesadilla total. Los planes de traspasar el poder (o por lo menos parte del poder) lo más rápidamente posible a los iraquíes, se han desbaratado.

En primer lugar, la resistencia obviamente crece en amplitud y escala y resulta claro que muchos iraquíes, si no la mayoría, quieren que las fuerzas de ocupación se retiren. Un comunicado del Pentágono reflejó que los “puntos problemáticos” se habían propagado e incluían Ramadi, Fallujah, Baghdad, Karbala, Najaf, Kut, Amarah, Nasiriya y Basra.

En segundo lugar, incluso los que prestaron apoyo a la coalición de ocupación están considerando ahora retirarlo en vista de la reciente feroz acción militar estadounidense, en especial en Fallujah.

Por lo menos dos ministros del consejo de gobierno iraquí nombrado por los Estados Unidos renunciaron repentinamente en protesta por las recientes acciones militares estadounidenses, y es probable que otros les sigan.

En tercer lugar, la coalición dirigida por los Estados Unidos y el Reino Unido está mostrando signos crecientes de fractura. Varios miembros de la “Coalición de Voluntades” ya no tienen tanta voluntad. Están retirando sus tropas y otro tipo de personal (o están planeando hacerlo). El Presidente Bush ha estado ocupado llamando por teléfono a los dirigentes de sus países aliados para persuadirlos de retirarse.

Los Estados Unidos (que tienen 110.000 tropas en Irak) han reclutado alrededor de 40 países aliados tan pequeños como El Salvador y Mongolia, que en conjunto han enviado 24.000 tropas, principalmente para funciones que no son de combate.

El partido socialista español se había opuesto a la guerra. Ahora, al asumir el poder, el nuevo Primer Ministro planea retirar las tropas españolas para mitad de año, a menos que la ONU intervenga de manera más destacada.

Numerosos países que enviaron personal con la expectativa de participar solamente en el mantenimiento de la paz y en la reconstrucción, se dan cuenta ahora que quedaron atrapados en un combate mortal y planean no extender su estadía.

Esto ha ocurrido especialmente después del reciente secuestro de tres japoneses, con la amenaza de que serían quemados vivos si Japón no retiraba sus tropas. El personal coreano también fue secuestrado pero luego liberado. También faltan ciudadanos de otros países.

En privado, los dirigentes políticos deben haber deseado no haber participado, y están elucubrando formas de retirarse.

Los países de la ASEAN (Asociación de los países del sudeste asiático) han adoptado distintas posiciones. Malasia e Indonesia están firmemente en contra de la guerra y la ocupación de Irak. Filipinas, Tailandia y Singapur la apoyan. Hay personal militar de los países de la ASEAN en Irak. El Premier de Tailandia, Thaksin Shinawatra, anunció hace poco que las tropas tailandesas se quedarían en su campo y podrían retirarse si la situación empeora.

Según el periódico The Guardian (Londres), el gobierno de Singapur declaró que los 200 efectivos militares de su país habían regresado después de culminar una misión humanitaria y que no había planes de enviar más tropas. Y Nueva Zelanda sacará a sus 60 ingenieros navales de Irak en setiembre, si bien tal vez puedan regresar con posterioridad. Las fuerzas japonesas y de Corea del Sur han retirado sus pertrechos luego de haber sido atacados, mientras que las fuerzas de Ucrania y Kazakh fueron expulsadas de la ciudad de Kut por combatientes Shia.

En cuarto lugar, la administración Bush tiene problemas en el propio Estados Unidos. El apoyo del aparato político y del público estadounidense a la ocupación parece estar deteriorándose rápidamente en vista de la escalada de la resistencia y del aumento de las víctimas estadounidenses, en especial los cuatro civiles muertos en Fallujah.

Aumenta el número de los que aconsejan a Estados Unidos salir de Irak lo más pronto posible para evitar un atolladero del tipo Vietnam. El ex Presidente Jimmy Carter reiteró recientemente su condena a la guerra, calificando las acciones de Bush de “imprudentes e innecesarias” y los resultados, de tragedia.

Según informes de Reuter, el senador demócrata Edward Kennedy llamó a Irak “el Vietnam de George Bush”, y declaró: “Vietnam terminó en un atolladero. Podría ocurrir lo mismo con Irak”.

El senador demócrata Robert Byrd dijo que desplegar más tropas “no hará más que enterrarnos en el remolino de la violencia”, y que la administración Bush “por el contrario, tendría que estar trabajando hacia una estrategia de salida”.

El senador demócrata Joseph Biden vio en la violencia en Irak un paralelo a la situación en Vietnam después de la ofensiva Tet de 1998 – el temor de que “no tenemos el control allí, no tenemos un plan”. Dijo que la situación podría salvarse si Bush actúa rápidamente para lograr que las Naciones Unidas y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) tomen parte en la transición de Irak a su soberanía.

“Llegamos a un punto álgido en Irak, con el peligro real de perder el control de la situación”, declaró Samuel R “Sandy” Berger, quien fuera asesor de seguridad nacional del Presidente Clinton.

“Es tiempo de salir de ahí”, expresó Charles V. Peña, director del Instituto Cato de Washington, de orientación conservadora. “Estamos en una situación en la que ya se ha perdido el control, y no podemos tener el final de cuentos de hadas que nos hubiera gustado ver en Irak”.

Pero algunos republicanos sugirieron que el Presidente Bush extendiera la estadía de los Estados Unidos en Irak y que pospusiera el plazo del 30 de junio para la entrega del poder.

“Sería prudente que reconsideráramos el plazo del 30 de junio. Hay tantas preguntas sin respuesta, y no es la menor quién quedará en el poder”, dijo la senadora Susan Collins.

El Presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Richard Lugar, manifestó: “No es momento de retirar nuestras tropas, a menos que podamos reemplazarlas con tropas de otros países”.

Pero el Presidente del Comité de Servicios Armados del Senado, John Warner, republicano, dijo que había que cumplir el plazo del 30 de junio “independientemente del aumento de la insurgencia, porque afecta la credibilidad de las fuerzas de coalición”.

Los sucesos recientes profundizaron la crisis política para los Estados Unidos. Está perdiendo el apoyo de varios países de la coalición, que no quieren poner a sus tropas en peligro.

Para hacer frente a la insurgencia, los Estados Unidos pueden aumentar sus propios efectivos en Irak. Pero si utilizan la agresión militar contra los insurgentes, es posible que se genere una situación similar a la de israelitas y palestinos, en la cual la acción militar generará mayor resistencia, que a su vez podría conducir a un aumento de la acción militar.

Este ciclo ampliará la base de apoyo popular a la resistencia y dejará a Estados Unidos atascado en operaciones militares por muchos años.

Tal vez quiera entregar más poder militar además de autoridad política a las Naciones Unidas, que en un principio había evitado. Pero es posible que la ONU, después de haber sufrido bombardeos y pérdidas personales en Irak, no quiera asumir un papel militar que no puede cumplir satisfactoriamente. ¿Por qué va a cargar la ONU con el bastón de mando envenenado de los Estados Unidos en una contienda que nunca autorizó, sólo para que los Estados Unidos puedan salir del problema?

Los Estados Unidos están ahora cada vez más deseosos de apurar la transferencia de parte del poder político a un grupo iraquí. Pero los aliados locales que escogieron carecen de credibilidad ante la opinión pública, y varios de los actores claves están presentando renuncia al Consejo de Gobierno. De manera que aún en el caso de que los Estados Unidos quieran entregar el poder, quizás queden pocos de sus aliados para recibirlo.

Las demandas de gran parte de la resistencia de que se realicen elecciones para decidir el gobierno, no resultan aceptables para las autoridades de ocupación.

Recientemente, Martin Woollacott escribió de manera perceptiva en The Guardian (Londres): “Irak todavía no es la derrota para los Estados Unidos que podría llegar a ser. Pero ellos están escarmentados y perplejos. La administración Bush, que creyó tan devotamente que podría mover montañas, tendría que saberlo mejor ahora. Podría incluso captar que el concepto con el cual siempre se ha llenado la boca -que son los iraquíes quienes deben decidir su propio futuro- es ahora más que palabras útiles. Son los iraquíes, en la acumulación de sus opciones, decisiones y acciones, quienes en gran medida decidirán si la intervención de los Estados Unidos termina en éxito o fracaso. Los estadounidenses fueron a Irak a rescatar a los Iraquíes, y ahora necesitan que los rescaten a ellos”.

Cuando las fuerzas dirigidas por los Estados Unidos capturaron Bagdad el año pasado, circuló el dicho de que tal vez hubieran podido ganar bastante fácilmente la guerra, pero que les resultaría difícil ganar la paz. La verdad de esto es aún más evidente hoy en día. El mero poder militar, por más poderoso que sea, puede fracasar ante una resistencia local decidida.FIN




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