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Instituciones Financieras Internacionales

Lunes 23 de Diciembre de 2002

El FMI y el Banco Mundial enfrentan críticas cada vez más duras por el

El principal argumento de quiénes se oponen al sistema de libre mercado y a la creciente globalización del comercio es que la combinación de liberalización financiera, la apertura económica y las recetas de desarrollo macroeconómico del FMI forman un peligroso cóctel para los países pequeños, abiertos y dependientes. Lo curioso es que hace poco se empezaron a escuchar críticas parecidas por parte los propios funcionarios que aplican esas políticas.

El 29 y 30 de septiembre, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial se reunieron con representantes de más de 184 países para evaluar el desarrollo económico mundial y los problemas sociales que afectan a la mayoría de los países.

La reunión de Washington surgió debido a que los economistas reflexionaron sobre el lento crecimiento y el descontento creciente respecto de las políticas de libre comercio promovidas por el FMI y el Banco Mundial.

Según James Wolfensohn, el presidente del Banco Mundial, las cinco tareas principales del FMI para 2003 son: mejorar el sistema de monitoreo y prevención de las crisis, crear mecanismos de seguridad para ayudar a los países a superar golpes externos, aclarar la política de acceso a los recursos del FMI, mejorar el sistema respecto del desarrollo no sustentable y simplificar el acceso a fondos adicionales.

Por su parte, Horst Kohler, presidente de la junta ejecutiva del FMI, declaró: “También hubo apoyo a nuestro trabajo para mejorar el análisis de la sustentabilidad de la deuda y para ayudar a desarrollar mejores mecanismos para lidiar con deudas insustentables”.

A pesar de estas admirables palabras, muchos observadores señalan que ambos organismos son más bien incendiarios que bomberos. Desde la perspectiva de quienes critican al FMI y al Banco Mundial, las crisis financieras de Rusia, Asia, México y, hace poco, Argentina, estuvieron directamente relacionadas con las políticas de libre comercio, privatización, austeridad y liberalización comercial.

Ese punto de vista ha llevado a instituciones como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe a pedir que se reevalúen las políticas de ajuste estructural que promueven los organismos financieros internacionales en base a las desigualdades sociales y la escasa distribución de los ingresos.

El ganador del Premio Nobel de Economía, Joseph E. Stiglitz, que dirigió el Consejo de Asesores Económicos durante el gobierno del ex presidente de Estados Unidos Bill Clinton y que fue economista jefe del Banco Mundial, se sumó al debate al cuestionar el impacto de las políticas comerciales, financieras y de ajuste estructural, tanto desde el punto de vista económico como moral.

Según Stiglitz, dichas políticas empeoran las crisis, en lugar de aliviarlas. El economista habla de “una desilusión regional creciente respecto del FMI y las reformas (...) un resentimiento hacia Estados Unidos por su discurso hipócrita de libre mercado mientras se multiplican las barreras comerciales”. También destacó que muchos perciben que en los casos en los cuales hubo crecimiento, las compensaciones terminaron en manos de los ricos, mientras la situación de muchos pobres siguió empeorando.

“El experimento de la supuesta reforma está fracasando en América Latina. Luego de un breve arranque a principios de los 90, el crecimiento se enlenteció. Muchos países de la región enfrentan recesiones, depresiones, crisis, algunos con una intensidad sin precedentes... Los resultados han sido peores de lo que muchos de sus críticos temían: no hubo crecimiento en la mayor parte de la región y, en algunas partes, han aumentado las desigualdades y la pobreza”, señala Stiglitz.

Stiglitz cree que las reformas fracasaron porque sus defensores utilizaron conceptos fundamentalmente incorrectos respecto del funcionamiento de las economías de mercado y el rol de los gobiernos. “El hecho es que el capitalismo siempre ha estado marcado por enormes fluctuaciones y esas fluctuaciones se han vuelto aún más marcadas en el mundo en desarrollo”, explica.

Para Stiglitz el problema surge de la liberalización prematura y excesivamente veloz del sector financiero y los mercados de capital, junto con una carencia de marcos regulatorios adecuados. El centro de la atención estuvo en la desregulación, “con resultados desastrosos”, en lugar de en la búsqueda de un marco regulatorio conveniente a la situación.

“Las dimensiones del fracaso son difíciles de calcular. Ahora tenemos los datos de la primera década de reforma. El crecimiento fue apenas mayor de la mitad del de las décadas del 50, 60 y 70”, indica Stiglitz. Si bien los años 90 fueron mejores que los 80, “el crecimiento tuvo lugar en la primera mitad de la década. En la segunda, sobre todo desde 1997, hubo estancamiento, recesión y depresión”, agrega.

Stiglitz comienza su análisis con la observación de que los costos y riesgos de la inestabilidad en los mercados financieros internacionales fueron absorbidos por los países endeudados. Al comienzo de la crisis por deuda de la década del 80, los organismos financieros internacionales se dedicaron a reformar la economía de los países endeudados, en lugar de cuestionar el papel de las instituciones acreedoras en el estallido de la crisis.

Según el economista, el crecimiento de la primera mitad de la década del 90 tuvo más que ver con la resulución de los problemas de deuda de décadas anteriores que con las reformas.

“Las reformas incrementaron la vulnerabilidad de los países latinoamericanos ante la inestabilidad de la economía mundial. Peor aún, las reformas cambiaron a los estabilizadores automáticos por desestabilizadores automáticos. Para América Latina en su totalidad, la política fiscal a sido favorable a los ciclos, en lugar de ser anticíclica”, señala.

Las reformas dejaron a las economías abiertas a mayores fluctuaciones de capital, que también han resultado favorables a los ciclos. El capital fluye hacia un país cuando todo anda bien y sale cuando las cosas empeoran. “La política monetaria también se ha vuelto fuente de inestabilidad y, debido a las prioridades del FMI, harán que la situación empeore en el futuro”.

Durante la era de las reformas, el crecimiento “empeoró las desigualdades y expuso a los países a nuevas fuentes de volatilidad (...). Quienes soportan la creciente inestabilidad macroeconómica son los pobres”, agrega Stiglitz.

“Incluso en países que han tenido crecimiento, como México, una gran parte de los beneficios ha favorecido al 30 por ciento de los que están mejor, mientras que el 30 por ciento de los más pobres han empeorado” su condición, insiste el economista.

Esto se debe en parte a las consecuencias de la estrategia de liberalización comercial. “Estas políticas han minado la posibilidad de la economía de generar nuevos empleos al imponer tasas altas de interés, entre otras cosas. En consecuencia, la liberalización comercial ha llevado a que los trabajadores no pasen de trabajos de baja productividad a otros de alta productividad, sino de los de baja productividad al desempleo”, agrega Stiglitz.

José Angel Tolentino, un analista de la Fundación para el Desarrollo, de El Salvador, pone en duda la sinceridad de las declaraciones del Banco Mundial y el FMI acerca de la nueva dirección que supuestamente han tomado dichos organismos. “Sólo están buscando una manera fácil de evitar las críticas que reciben en el mundo entero”, sostuvo, y agregó que se necesita un análisis más profundo de las reformas neoliberales.

Tolentino considera que es un logro que los movimientos sociales hayan incluido estos temas en la agenda de organismos como el Banco Mundial y el FMI. “Las muestras crecientes de descontento, cada vez mayores en todo el planeta, han obligado a estas instituciones a volver a las discusiones sobre la pobreza y la distribución social, ausente de las políticas que ellas mismas promovieron”, indicó Tolentino.

A pesar de las conclusiones de la cumbre de Washington, Tolentino sostiene que las presiones por operar un cambio a favor de políticas económicas que tengan en cuenta la agenda social deben venir desde abajo. Las instituciones no pueden promover un cambio de ese tipo por sí mismas “porque eso sería ir contra sus propios principios y los intereses que representan”, concluyó.

Biografía de Joseph Stiglitz

Durante buena parte de la última década, Joseph E. Stiglitz fue jefe del Consejo de Asesores Económicos del gobierno de Clinton y economista jefe del Banco Mundial. En 2001, ganó el Premio Nobel por su análisis de los mercados con información asimétrica. En marzo de 2002, se publicó su libro Globalization and its Discontents (La globalización y sus disgustos). El libro analiza las crisis provocadas por la liberalización comercial, la inestabilidad y la incertidumbre del régimen comercial mundial y el daño causado por la intervención de las instituciones financieras internacionales en los países. El libro no ofrece información o análisis específicos sobre América Latina, ya que se concentra en las crisis financieras de Asia y Rusia, así como en los intereses que coinciden en las ideologías y los procedimientos de toma de decisiones del Banco Mundial y el FMI. El 26 de agosto, Stiglitz dio un discurso sobre las reformas económicas de América Latina y presentó propuestas para futuras reformas.

Este artículo fue publicado en Latin America Report (vol. XXIX, nº 41, 25 de octubre de 2002), editado por Inforpress Centroamericana.




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