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Instituciones Financieras Internacionales

Miércoles 18 de Setiembre de 2002

Prescindiendo del FMI

Agosto de 2002

El Fondo Monetario Internacional se esfuerza sobremanera para que los gobiernos crean que no tendrán un futuro económico sin el sello de aprobación del Fondo. Paradójicamente, la realidad es la opuesta cuanto más endeudado está un país. Políticos influyentes de varios países del Sur han sugerido que sus respectivos países podrían, en realidad, estar mejor sin el FMI.

Por Juergen Kaiser

El Ministro de Estado de Planificación de Desarrollo Nacional Kwik Kian Gie no ha sido el primer político influyente en la historia de un país del Sur en sugerir que Indonesia podría, en realidad, estar mejor sin el Fondo Monetario Internacional.

Desde Alan García, de Perú, pasando por Kenneth Kaunda, de Zambia, y más recientemente hasta Olusegun Obasanjo, de Nigeria, los estadistas y dirigentes de gobierno del Sur han, por razones honradas o no tanto, acusado a los “colonialistas” de Washington, y sugerido que sus respectivos países podrían estar mejor por su cuenta.

Todos ellos han cometido el mismo error fatal, que muy pocos de sus colegas (siendo uno el Primer Ministro de Malasia, Mahathir Mohamad) lograron evitar: tomaron la iniciativa de hacer declaraciones fuertes, pero luego se sentaron a esperar a que el cielo les cayera encima. No consiguieron dar el paso decisivo, ya que nunca llegaron a responder la interrogante clave: de dónde surgiría el dinero que necesitarían, una vez que los funcionarios del Fondo se marcharan de sus oficinas en los Ministerios de Finanzas.

El Fondo Monetario Internacional se esfuerza sobremanera para que los gobiernos crean que no tendrán un futuro económico sin el sello de aprobación del Fondo. Paradójicamente, la realidad es la opuesta cuanto más endeudado está un país. ¿De dónde podrán surgir los fondos? Del servicio de la deuda que los países se ahorran, una vez que dejan de pagarla.

De hecho, Indonesia, como la mayoría de los países severamente endeudados, está produciendo un superávit primario; o sea, dejando de lado el pago de los intereses, el gobierno central está recibiendo más dinero de lo que en realidad desembolsa. En el presupuesto de 2002 el superávit asciende al equivalente de 5.300 millones de dólares. Los pagos de intereses internos, equivalentes a 59,6 billones de rupias (6.500 millones de dólares), y los pagos de intereses externos por 3.000 millones de dólares convierten al superávit en un déficit de 4.200 millones de dólares.

Son los intereses sobre la deuda externa e interna que obligan al gobierno a buscar más préstamos en el interior o (mayormente) en el exterior del país. Esto no sólo se cumple para Indonesia. También se ha cumplido hasta hace muy recientemente incluso para un caso de insolvencia tan destacado como el de Argentina.

Así que, primero que nada: si el gobierno pretende equilibrar nuevamente las finanzas públicas, recibir más préstamos para pagar préstamos anteriores sólo es una solución viable si suponemos que el país tendrá un ritmo de crecimiento muy superior. Dicho crecimiento ha sido proyectado por el Banco Mundial en una serie de diagnósticos, pero jamás llegó a materializarse desde que se desencadenara la crisis.

De esta manera, es correcto que un gobierno reconozca los malos antecedentes del FMI como consultor económico y busque formas alternativas de organizar su economía. No obstante, si el gobierno tomara esta iniciativa, debería hacer varias cosas al mismo tiempo:

· elaborar una propuesta viable para manejar su deuda externa e interna. Debe proponer una regulación adaptada a las necesidades del país y a su capacidad para pagar el servicio de la deuda. Esto, necesariamente, colocaría la mayor parte de la carga sobre los acreedores externos, incluyendo a las instituciones financieras internacionales; sin embargo, el gobierno también deberá dirigir la distribución de las dificultades internas. Los acreedores internos, incluso los bancos que gozan de una corriente de ingresos relativamente estable y sin riesgos, también deberán soportar ciertos recortes.

· trabajar por lograr un marco justo y transparente mediante el cual aplicar una solución que tenga una posibilidad real de contar con el consentimiento general, aunque en ocasiones a regañadientes, de los acreedores. El elemento más importante de esto es una institución imparcial que actuaría como árbitro entre Indonesia y sus acreedores sobre la base de una evaluación igualmente imparcial de la situación económica del país.

Uno de los resultados más importantes de este tipo de procedimiento imparcial sería el incentivo clave para los acreedores privados (y algunos oficiales) de sumarse a una solución tan trascendente: la perspectiva de hallar en Indonesia un nuevo socio financieramente viable y, por tanto, un ámbito para la inversión. Contrario al argumento favorito de los acreedores que señala que la cancelación de la deuda aislará al deudor de los mercados financieros, una medida tan transparente ha, tanto para deudores privados como públicos, por lo general restaurado el acceso del deudor a los mercados de capitales.

¿Tiene Indonesia la posibilidad de elegir alguna vía alternativa? La respuesta es dos veces sí, por dos razones muy diferentes.

La primera: en realidad no existe alternativa alguna a un enfoque nuevo, a menos que el país esté preparado para embarcarse en una serie interminable de reprogramaciones con sus acreedores externos, y a padecer el descalabro financiero interno, cuando deberá incumplir selectivamente algunos de sus compromisos internos (y deberá decidir cuales), o para intentar liberarse de su deuda en rupias desencadenando una espiral inflacionaria.

En 2004 el servicio de la deuda interna aumentará unos 80 billones de rupias (7.000 millones de dólares) y permanecerá en el entorno de esa cifra aproximadamente una década. Con el servicio anual de la deuda externa también aumentando a más de 5.000 millones de dólares a partir de 2005, no hay forma de que la economía indonesia genere suficientes ingresos para pagar ese enorme tributo a los propietarios internos y externos de capitales.

No hay nadie en el gobierno que tenga idea de dónde pueda surgir este dinero. Si el gobierno pierde el valioso tiempo que ha obtenido en las últimas reprogramaciones con los clubes de París y de Londres en intentos inútiles de alcanzar el crecimiento extraordinario exigido por las instituciones financieras internacionales y ocasionales palabras fuertes, se hallará con las manos vacías cuando llegue el momento de la verdad en enero de 2004.

La segunda razón es que los propios acreedores han comenzado a considerar otros marcos, especialmente un procedimiento internacional de insolvencia, primero que nada para superar sus problemas internos de coherencia.

La propuesta para un nuevo Mecanismo de Restructura de Deuda Soberana (SDRM, en inglés), iniciado el pasado noviembre por la Subdirectora Gerente del FMI Anne Krueger, ofrece un potencial enorme para Indonesia.

Puede allanar el camino para que una institución neutral juzgue el problema de deuda de Indonesia, en lugar de permitir que los acreedores sigan reclamando esta función para sí mismos. Puede obligar a todos los acreedores a aceptar una solución basada en la evaluación realista de la sustentabilidad de la deuda del país, y puede detener la salida de recursos, para permitir un programa ordenado de la deuda.

De nuevo, sin embargo, el papel fundamental le corresponderá al gobierno indonesio. Sólo cuando Yakarta deje de ubicarse como receptora final de decisiones tomadas en otros lugares podrá el debate sobre la reforma del Fondo y de la comunidad internacional en general (que no ha sido puesto en marcha para complacer a Indonesia) rendir frutos al país. Por esta razón, no se debe permitir que el debate iniciado por el ministro Kwik quede en el olvido.

Artículos de la Red del Tercer Mundo

Sobre el autor: Juergen Kaiser pertenece a Jubilee.De, Dusseldorf, Alemania. Jubilee.De (Jubileo 2000) es una organización internacional que busca alternativas al problema de la deuda.

El presente artículo apareció por primera vez en The Jakarta Post (6 de agosto de 2002, “Doing without the IMF: Figuring out where the money comes from”).

Para reproducir este artículo, atribuya su origen a Third World Network Features (Artículos de la Red del Tercer Mundo) y (si corresponde) a la revista o agencia que prestó su colaboración para la realización del mismo, y nombre al autor. Tenga la amabilidad de enviarnos recortes de prensa.




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