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   No. 155 - Abril 2002
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No. 155 - Abril 2002

Supachai Panitchpakdi, próximo Director General de la OMC

La misma fórmula, la misma medicina, diferente farmacéutico

por Aziz Choudry

Supachai Panitchpakdi, de Tailandia, a quien le corresponde asumir el cargo de Director General de la OMC en setiembre, será el primer ciudadano de un país en desarrollo en dirigir el organismo mundial de comercio. Aún cuando este hecho será muy promocionado, el nombramiento del entusiasta del libre comercio sin duda no será una bendición para quienes propugnan una reforma fundamental del sistema multilateral de comercio.

El cambio de guardia en la Organización Mundial de Comercio (OMC) seguramente no representará ninguna diferencia real para los países en desarrollo que sufren la globalización de las empresas.

El 20 de diciembre pasado, la delegación tailandesa entregó una carta al Consejo General de la OMC confirmando el compromiso del ex viceprimer ministro de Tailandia, Supachai Panitchpakdi, de asumir el cargo de Director General de la OMC el 1 de setiembre, luego de que Mike Moore cese en sus funciones. Según ciertos informes de medios de prensa indios, a fines del año pasado circularon rumores de que Supachai ya no estaba interesado en el puesto de la OMC y pensaba regresar a la escena política en Tailandia.

En julio de 1999, el Consejo General, el órgano decisorio más encumbrado de la OMC, había anunciado un acuerdo para dividir el plazo de seis años del Director General, luego de una dura carrera por el cargo entre Supachai y Moore, de Nueva Zelanda.

Supachai, el primer director del GATT (Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio, precursor de la OMC) o de la OMC, o del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, con origen en un país fuera de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), ocupará el cargo hasta el 31 de agosto de 2005.

Antes de llegar al acuerdo de reparto del cargo, me había preguntado si Supachai le pondría la soga al cuello a Moore. ¿Qué mejor manera de mejorar la credibilidad de la OMC –y del modelo de desarrollo económico que promueve– que poner a un tailandés al frente? El gobierno tailandés vio su posible nombramiento como una manera de reparar la deteriorada imagen internacional del país como lugar de origen de la crisis económica de 1997 posterior a la crisis del baht.

En todo el mundo, varios miembros de la brigada del libre comercio habían mostrado a las economías de los "tigres" del sudeste asiático como "prueba" de los beneficios de la liberalización económica y el éxito de las economías del libre mercado. En 1998, al comienzo de la carrera por el liderazgo de la OMC, todavía estaban en el "modo control de daños", intentando explicar lo que había ocurrido en términos que no cuestionaran las bases de su propio fundamentalismo económico, no fuera que la gente cuestionara su amado modelo.

El nombramiento de Supachai pudo haber sido, entonces, una potente señal de que todo andaba bien con la economía del libre mercado. Pero, por supuesto, Moore ocupó el cargo en setiembre de 1999.

Por el comercio libre

Casi tres años después, estoy seguro de que se hará gran alharaca con que Supachai pertenece a un país del Tercer Mundo. Pero tal vez por razones de cierta forma diferentes. Supachai, quien cumple 55 años este año, tiene un doctorado en Planificación Económica y Desarrollo de la Universidad Erasmus, en Rotterdam. Actualmente reconocido internacionalmente como experto en desarrollo económico, su carrera profesional comenzó en el Banco de Tailandia en 1974, donde trabajó hasta 1986. Fue viceministro de Hacienda de 1986 a 1988, presidente del Banco Militar Tailandés de 1988 a 1992, viceprimer ministro del gobierno del Partido Democrático de Chuan Leekpai (Prachathipat) de 1992 a 1995, responsable de asuntos económicos y comercio internacional.

Supachai estuvo a cargo de la participación de Tailandia en la Ronda Uruguay del GATT, incluso de su subsiguiente ratificación y aplicación. También desempeñó un papel significativo en el comercio regional y las iniciativas de liberación de la inversión, como el foro Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC) y la Zona de libre comercio de la ASEAN (AFTA). Desde 1997 hasta el año pasado fue viceprimer ministro y ministro de Comercio, presidió varias empresas y la Cámara de Comercio de Tailandia.

El Comisario de Comercio de la Unión Europea, Pascal Lamy, indicó que Moore ya tenía sus adictos en el mundo desarrollado y por lo tanto dedicó gran parte de su tiempo a los países en desarrollo, pero Supachai tendrá que destinar bastante tiempo a conocer los países de la OCDE en su cargo en la OMC.

A pesar de su promesa de ser un "embajador" para los países pequeños en la OMC, Moore irritó a varios gobiernos del Tercer Mundo con su invariable falta de voluntad para escuchar sus preocupaciones sobre los impactos de la liberalización del comercio y la inversión en sus países, así como su defensa totalmente partidaria de una nueva ronda de negociaciones comerciales, aún cuando su posición le exige mantenerse neutral.

Supachai se autonombró representante de los países en desarrollo en la OMC, una voz para los carente de ella en el organismo comercial. El Financial Express de India lo describió como "excesivamente cortés". Dio algunas embestidas al enfoque de "haz lo que yo digo más no lo que yo hago" de algunos de los países desarrollados en las negociaciones multilaterales de comercio: eso de que "les digo que abran sus mercados, les digo que se liberalicen más, les digo que reformen sus disposiciones legales, pero lo que yo hago es diferente, debe ser cosa del pasado", declaró en diciembre a la agencia Reuters. "Los países ricos deben prestar atención –y no tan sólo prestar un favor hipócrita- a las dificultades de los países menos adelantados", afirmó.

Pero antes de que alguien empiece a aplaudir, es necesario darse cuenta de que si bien no es un economista neoclásico, Supachai es un firme defensor del libre comercio. En noviembre describió el ingreso de China a la OMC como un llamado a que las economías del sudeste asiático profundicen las reformas económicas nacionales, "porque ahora la competencia es en la puerta de entrada".

En una entrevista con el Earth Times News Service en Doha, dijo: "Mi misión es ver que ampliemos el número de países que pueden beneficiarse de la liberalización del comercio". Su opinión es que los países que han tenido más éxito son "los que más se han globalizado". En declaraciones al Bangkok Post (22 de noviembre de 2001), describió el 11 de setiembre como una "bendición disfrazada". Dijo que era precursor de un cambio en la actitud de los países desarrollados para con el Sur, y que servía para aplacar el movimiento antiglobalización. "Creo que será un cambio a largo plazo en la actitud de los países adelantados, si bien el proceso antiglobalización durante un tiempo también experimentará cierto tipo de dispersión".

Mientras tanto, promete crear un sistema de acreditación para "ONGs razonables" (¡otra vez esos muchachos!) y dice que la OMC no debería ignorarlos.

Escéptico

En momentos en que necesitamos revitalizar nuestras campañas para deslegitimar y oponernos a la OMC antes de la próxima Conferencia Ministerial, que podría realizarse ya a principios de 2003, debemos ser muy escépticos acerca de cualquier argumento que sugiera que el hecho de que el cargo de Director General haya sido concedido a Supachai podría ser una señal precursora de un cambio de dirección de la OMC y el sistema multilateral de comercio.

Este punto me quedó bien claro en una visita que realicé a Tailandia en noviembre. Cuando fui de la ciudad de Moore –y mía-, Christchurch, al Bangkok de Supachai, quedé asombrado por el paralelo entre los dos países, en tanto abrazaron el mercado libre. Mientras marchábamos contra la OMC en Nueva Zelanda el 9 de noviembre, poco antes de ir a Tailandia, en el mismo momento, más de 1.500 agricultores tailandeses, sindicalistas y activistas de HIV/Sida manifestaron ante la embajada estadounidense en Bangkok. La manifestación reclamaba sacar la agricultura de la OMC y poner fin al patentamiento de la vida y los medicamentos. En la manifestación anti-OMC de Bangkok también estaban los sindicalistas de Thai Internacional, protestando por la reestructura y mayor privatización de la línea aérea. La privatización fue una condición clave para la ayuda de 17.200 millones de dólares del FMI para rescatar a Tailandia después de la crisis de 1997, provocada en gran medida por la liberalización financiera.

En una mesa redonda con sindicalistas independientes y activistas gremiales, funcionarios de los ferrocarriles estatales de Tailandia me preguntaron qué efectos había tenido la privatización de la empresa ferroviaria de Nueva Zelanda en las comunidades y trabajadores. Las privatizaciones de los ferrocarriles en Nueva Zelanda, Gran Bretaña y Australia han sido presentadas como historias exitosas para vender la idea en Tailandia. Muchos tailandeses ya están tristemente al tanto de cuál es el resultado de la privatización de empresas estatales -despidos en masa, aumento de precios y menor acceso de los pobres a los servicios públicos- en un país en que no hay redes de seguridad social.

En Bangkok recabé opiniones de sindicalistas, académicos, periodistas sobre Supachai y la OMC. Un sindicalista me dijo que tener a un tailandés como mascarón de proa de la OMC no haría diferencia alguna para Tailandia o el resto del Tercer Mundo. "Sólo será un títere de países poderosos como Estados Unidos", que domina la OMC, expresó. Un investigador describió a Supachai como un "operador blando" –mucho más cortés que Moore- y por lo tanto quizá más peligroso.

Para quienes de nosotros que vemos el resultado de Doha como una prueba más de que la OMC es un vehículo para imponer los intereses del capital mundial y los gobiernos poderosos que dominan las negociaciones, quienes a menudo recurren a tácticas de negociación prepotentes (¿qué hay de nuevo?), no podemos caer en la trampa de creer que un cambio de cara realmente representará alguna diferencia. La institución sigue siendo la misma, y la agenda de la OMC, junto con la promovida por las instituciones de Bretton Woods, está incambiada. Una vez más -mientras los propulsores del libre comercio continúan intentando usar la situación posterior al 11 de setiembre para buscar una liberalización más profunda y rápida-, la batalla para detener la expansión de la OMC e impedir una nueva ronda comercial, continúa.

No debemos distraernos por los giros que inevitablemente acompañarán el plazo de tres años de Supachai, ni sus declaraciones de preocupación por el mundo en desarrollo. Las palabras pueden ser levemente diferentes, pero Supachai seguirá cantando la misma tonada que su predecesor.

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Aziz Choudry es miembro de la organización GATT Watchdog, Nueva Zelanda.




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