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No. 80 - Junio 1998

Océanos sin peces

por Peter Montague

La destrucción de la vida en los océanos ha alcanzado proporciones alarmantes, según un informe publicado en la revista Science de Estados Unidos. A medida que disminuye la captura de peces en los océanos, surgen nuevas tendencias que aceleran el proceso de agotamiento.
Si no se adoptan medidas urgentes para detener este proceso, nuestros hijos heredarán océanos sin peces.

La destrucción de la vida en los océanos progresó más allá de toda sospecha, de acuerdo con un nuevo informe de la revista estadounidense Science, la publicación oficial de la Asociación Estadounidense para el Progreso de la Ciencia. Las causas son la pesca excesiva y la contaminación, pero el informe se concentra en la primera.

La captura mundial de peces en los océanos alcanzó su pico en 1989 y comenzó a declinar desde entonces. A comienzos de los años 90, varios científicos informaron que 13 de los 17 mayores bancos de pesca del mundo estaban agotados o en franca disminución. Un ejemplo típico es el de los Grandes Bancos situados fuera de la costa de Newfoundland, en el Atlántico norte. Allí, luego de 350 años de explotación comercial, el abadejo, el bacalao y la platija casi desaparecieron, y la pesquería fue oficialmente cerrada hace algunos años.

El agotamiento de las especies más demandadas de peces dio lugar a tres tendencias que se agregan a los problemas de los océanos: (1) los pescadores adoptan nuevas tecnologías que (2) les permiten pescar en aguas más profundas y (3) llegar a niveles inferiores de la cadena alimentaria.

Nuevas tecnologías

Los radares permiten a los barcos pescar en la niebla y en la oscuridad; los sonares ubican a los peces con precisión, y los satélites de posicionamiento geográfico localizan sitios productivos de modo que los buques puedan volver a ellos. Mapas militares antiguamente secretos revelan características ocultas de la profundidad oceánica, como montañas, que están asociadas a corrientes de agua ricas en nutrientes, donde los peces abundan. Con la ayuda de enormes redes hechas con materiales nuevos y más fuertes, los barcos pesqueros modernos, guiados con sistemas electrónicos, pueden literalmente barrer los océanos, y eso es justo lo que está sucediendo. Como resultado, los peces están desapareciendo, y también las empresas pesqueras familiares que solían dominar la industria.

Don Tyson, magnate de los pollos de Arkansas y partidario del presidente Bill Clinton, se introdujo en el negocio de la pesca en gran forma. La pesca puede ser un negocio muy rentable si se realiza en gran escala. En 1992, Tyson compró Arctic-Alaska Fisheries Company y otras tres empresas pesqueras que utilizan una flota de supertraineras industriales del largo de una cancha de fútbol, a un costo de 40 millones de dólares cada una.

Estos buques arrastran por el agua redes de nylon de varios kilómetros de largo y capturan todo lo que hay a su paso: de una sola vez pueden atrapar hasta 400 toneladas de peces. Además, permanecen en alta mar por varios meses procesando y congelando su captura, lo cual les otorga una gran ventaja sobre otros barcos más pequeños que salen y vuelven a puerto en poco tiempo. Aproximadamente 40 por ciento de lo que pescan estas supertraineras se considera "desecho" y se devuelve al océano. Se llama "pesca colateral" y, según el periodista investigador Jeffrey St Clair, puede incluir leones marinos (especie amenazada), focas y especies de peces no deseadas. Sólo en el noreste del Atlántico, la pesca colateral asciende a 3,7 millones de toneladas por año.

Aguas más profundas

Los buques de arrastre están utilizando tecnología desarrollada por los militares para pescar en zonas de hasta una milla de profundidad y capturar especies que pocos hubieran considerado comestibles o útiles hace una década. Ahora que las pesquerías llanas están en franca decadencia, redes provistas de ruedas y rodillos son arrastradas por el lecho de los profundos océanos y atrapan todo lo que encuentran a su paso, de cualquier tamaño. Calamares, rayas, abadejos azules, cangrejos rojos, camarones de profundidad, quimeras, anguilas, merluzas azules, peces sable, pescadillas azules del sur y cazones espinosos, entre muchos otros, son capturados y vendidos en restaurantes, convertidos en "bastoncillos de pescado" en McDonald’s o en falsa "carne de cangrejo" para ensaladas de mariscos.

Parte del problema es la ignorancia de los consumidores. Por ejemplo, el hoplostethus atlanticus (llamado en inglés "orange roughy"), que habita hasta a una milla de profundidad en las frías aguas cercanas a Nueva Zelanda, comenzó a aparecer en las pescaderías y los menús de restaurantes finos de Estados Unidos hace sólo una década, pero en ese corto lapso la especie se volvió amenazada de extinción. Ahora, los científicos han aprendido que las especies que habitan en aguas frías y profundas crecen y se reproducen con lentitud. El hoplostethus atlanticus, por ejemplo, vive hasta 150 años y sólo empieza a reproducirse a los 30. Recientemente, las principales reservas de la especie cerca de Nueva Zelanda se agotaron. Sin embargo, todavía está disponible en pescaderías de Annapolis, Maryland, a 18 dólares el kilogramo, y no hay ninguna señal que indique a los consumidores que la especie está amenazada. "La gente no comería rinoceronte u otra criatura terrestre que sabe en peligro de extinción, pero come pescados como éste porque no tiene idea de lo que sucede", señaló Mike Hagler, experto en pesquería de Greenpeace, en Auckland, Nueva Zelanda.

Dado que los equipos modernos de pesca son inmensamente costosos, el riesgo es alto. Y como hay mucho dinero en juego, la industria pesquera obtiene favores políticos. Como resultado, modernas compañías pesqueras como la de Tyson tienen subsidios del gobierno federal y de algunos estaduales. La empresa de Tyson recibió más de 65 millones de dólares en préstamos blandos del gobierno federal para ayudar a construir 10 de sus supertraineras. Según Jeffrey St Clair, la flota con sede en Seattle obtuvo unos 200 millones de dólares en subsidios federales.

Además, como hay tanto en juego, las traineras industriales de aguas profundas no pueden permitirse aflojar ni un ápice; deben continuar pescando hasta hallar el último pez.

Más abajo en la cadena alimentaria

Las cosas están peor aún. El nuevo informe de Science demuestra que los humanos no sólo están pescando en aguas más profundas, sino también en niveles inferiores de la cadena alimentaria. Esto tiene implicaciones inquietantes, porque a medida que decaen los niveles inferiores, las posibilidades de recuperación de los superiores disminuyen todavía más. Los científicos hablan ahora de un "colapso generalizado" de los ecosistemas marinos. "Es probable que la continuación de las actuales tendencias conduzca a un colapso generalizado de las pesquerías", señaló Daniel Pauly, autor del nuevo estudio. "Si esto no se detiene, el fondo marino se convertirá en un depósito de chatarra dominado por plancton", advirtió.

El nuevo estudio de Pauly examinó las dietas de 220 especies de peces y a cada una les otorgó una categoría numérica en la cadena alimentaria, del uno al cinco. La categoría uno corresponde al plancton, es decir, un conjunto de seres vegetales microscópicos que están en suspensión en las aguas marinas y realizan fotosíntesis, utilizando la energía del sol para convertir el agua y el dióxido de carbono en carbohidratos, y conforman el nivel más inferior de todas las cadenas alimentarias acuáticas. El nivel dos corresponde al zooplancton: pequeños animales flotantes que se alimentan de plancton. Los depredadores superiores como las cuberas que habitan cerca de la plataforma continental de Yucatán, México, corresponden a la categoría 4,6.

Estos datos fueron combinados con otros de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) para realizar una estimación del "nivel trófico" de la cadena alimentaria oceánica donde los humanos están pescando. El nuevo estudio revela que el nivel promedio disminuye constantemente desde hace 45 años, a razón de un décimo por década. "La actual política de pesca es insustentable", afirmó Pauly. De las 220 especies estudiadas, al menos 60 por ciento son sobreexplotadas o explotadas al límite.

Pauly cree que la verdadera situación es peor de lo que indica su estudio, en especial porque muchos países no declaran toda su captura de peces.

Aun si un banco de pesca no llega al colapso, la pesca en los niveles inferiores de la cadena alimentaria puede tener consecuencias muy graves. En el mar del Norte, la población de bacalao está tan disminuida que los pescadores se concentran ahora en el abadejo, una especie de segundo nivel que el bacalao suele comer. El abadejo, a su vez, consume pequeños organismos como copépodos y krill. El krill también come copépodos. A medida que disminuye la cantidad de abadejos, la población de krill se expande y la de copépodos se reduce drásticamente. Debido a que los copépodos constituyen el principal alimento de los bacalaos jóvenes, la población de bacalao no puede recuperarse.

Posibles salidas

El cultivo de peces podría parecer una salida para el problema, pero no lo es, al menos en las condiciones que se practica actualmente, ya que los peces cultivados se alimentan con comida hecha a base de peces impopulares como el arenque. Parece sólo una cuestión de tiempo para que el arenque y otras especies también desaparezcan.

Pauly cree que, en tres o cuatro décadas, muchos bancos de pesca oceánicos "se desplomarán sobre sí mismos". El resultado será la pérdida de proteínas de alta calidad para los humanos, aun antes de que las pesquerías sufran un colapso completo. Las personas ingieren especies entre los niveles tróficos cuatro y 2,5. Por debajo de ese nivel, no hay mucho que se pueda comer. "Existe un límite en la cadena alimentaria para lo que puede capturarse y comercializarse, y el zooplancton (en el nivel trófico dos) difícilmente ocupará nuestros platos en un futuro cercano", escribió Pauly en Science.

¿Soluciones? El gobierno podría limitar las técnicas de pesca utilizadas, pero eso colocaría "el interés público" contra los intereses de Don Tyson, por ejemplo. En el actual clima político de Estados Unidos, donde los fondos privados dominan las elecciones, Don Tyson ganaría porque es rico y apoya a los políticos adecuados.

Pauly cree que existe una necesidad urgente de crear áreas protegidas donde la pesca esté prohibida directamente. Ese sistema sería más fácil de implementar y hacer cumplir que las cuotas, la limitación del tiempo de pesca, las restricciones sobre los equipos y mecanismos o los controles de contaminación, aunque estas medidas también son necesarias, según el científico. En Gran Bretaña, la industria pesquera ha comenzado a aceptar las zonas de exclusión de pesca como forma de salvar la industria en vista de la disminución de las existencias.

Pero la idea más importante propuesta en la revista Science es la de trasladar la carga de la prueba a la industria pesquera. Aquellos que se benefician de recursos públicos como los oceánicos deberían demostrar, antes de comenzar a pescar, que su actividad no dañará esos recursos. Actualmente, se supone que la pesca no daña la vida oceánica y es el público el que debe probar lo contrario. Pero ya hay evidencias abundantes que indican el daño, por lo tanto es hora de trasladar la carga de la prueba a la industria pesquera. Por ejemplo, los propietarios de supertraineras tendrían que demostrar que su producción será sustentable antes de lanzarlas al mar.

Una vez más, parece improbable que el Congreso de Estados Unidos actúe para proteger el interés público. Por lo tanto, es urgente que el dinero privado sea excluido totalmente de las campañas electorales. Los funcionarios electos deben responder ante la gente que los eligió, y no ante ricos benefactores. De lo contrario, nuestros hijos heredarán océanos sin peces.

Fuentes:

1. Daniel Pauly et al, Pescando al fondo de la cadena alimentaria marina, Science, Vol. 279 (6 de febrero de 1998), páginas 860-863.
2. Timothy Egan, Buques pesqueros estadounidenses arrastran aguas costeras sin peces, The New York Times, 7 de marzo de 1994, páginas A1, B7.
3. William J. Broad, Criaturas de las profundidades llegan a la mesa, The New York Times, 26 de diciembre de 1995, páginas C1, C5.
4. Jeffrey St. Clair, El turbio negocio de la pesca, In These times, 26 de mayo de 1997, páginas 14-16, 36.
5. William K. Stevens, "El hombre desciende en la cadena alimentaria y desata el caos", The New York Times, 10 de febrero de 1998, página C3.
6. Susan Diesenhouse, "En Nueva Inglaterra, planes para la supervivencia en el mar", The New York Times, 24 de abril de 1994, página F7.
7. Nigel Williams, "Pesca excesiva destruye ecosistemas enteros", Science, Vol. 279, 6 de febrero de 1998, página 809.
8. Paul K. Dayton, "Reversión de la carga de la prueba en la administración de las pesquerías", Science, Vol. 279, 6 de febrero de 1998, páginas 821-822.

Peter Montague es miembro de la Unión Nacional de Escritores, UAW Local 1981/AFL-CIO.
Este artículo fue tomado de Rachel’s Environment & Health Weekly (versión electrónica).






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