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   No. 89 - Marzo 1999
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Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales


No. 89 - Marzo 1999

Deforestación y degradación de los bosques: ahora es una cuestión de voluntad política

Durante años el WRM ha estado luchando contra los argumentos sostenidos por los expertos, que culpan a la pobreza, la presión demográfica, el consumo de leña y la agricultura itinerante por la mayor parte de los procesos de deforestación, que se dan en el Sur. Los mismos expertos que destacan la deforestación en el Sur, ocultan procesos destructivos de carácter similar que ocurren en el Norte.
Por un tiempo el WRM fue prácticamente la única organización que se ocupó de reunir información y análisis generados por sus afiliados y por un grupo de investigadores independientes, así como de realizar campañas para despertar conciencia acerca de las causas escondidas de la deforestación.

Temas tales como los derechos territoriales, los injustos regímenes de tenencia de la tierra, el Plan de Acción Forestal Tropical de la FAO, las políticas macroeconómicas, el sobreconsumo y el modelo de desarrollo fueron señalados como algunas de las más importantes causas conducentes a la destrucción de los bosques.

Otras personas y organizaciones convergieron en este enfoque y hoy en día la situación ha cambiado drásticamente. Si bien la visión de "culpemos a los pobres" tiene todavía importantes apoyos -en especial a nivel de la FAO y sus seguidores- las personas más informadas en todos los niveles han adquirido una comprensión más amplia de la cadena de causalidad que lleva a la deforestación y la degradación de los bosques. A nivel de los gobiernos, el Panel Intergubernamental de Bosques (IPF) subrayó la importancia de este tema y recomendó organizar un Taller Global a los efectos de estudiar las causas subyacentes de carácter internacional y vincularlas con las causas específicas para cada país. Por su parte el Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR) está llevando adelante un seria investigación sobre este tópico y ha llegado a conclusiones muy semejantes a las sostenidas por el WRM y otras ONGs que trabajan en el tema forestal.

El cambio aludido resultó manifiesto en el Taller Global, durante el cual ONGs, organizaciones de pueblos indígenas, organizaciones comunales de base, organizaciones gubernamentales e intergubernamentales trabajaron conjuntamente y alcanzaron un amplio consenso acerca de un importante número de causas subyacentes y de la identificación de acciones para abordarlas.

El primer paso para frenar la destrucción de los bosques, tanto en el Norte como en el Sur, es antes que nada reconocer que tales procesos de deforestación y degradación de los bosques están ocurriendo realmente. Los talleres regionales aportaron claras evidencias de que no se trata de un problema que se da sólo en el Sur, sino que también pasa en el Norte. El segundo paso consiste en comprender el proceso que lleva a tal destrucción. Actualmente existe consenso respecto de la identificación de muchas de las causas subyacentes corrientes. El tercero es tomar medidas para abordar las causas previamente identificadas.

Hemos adelantado sustancialmente en lo que respecta a los dos primeros estadios, pero es necesario todavía hacer mucho respecto del tercero. Los tiempos están maduros entonces para empezar a ejercer presión sobre los gobiernos para que actúen. Las causas subyacentes han sido identificadas, muchas soluciones posibles han sido formuladas y, si bien necesitan ser adaptadas a la situaciones específicas de cada país, ahora su implementación -tanto a nivel nacional como internacional- es más que nada una cuestión de voluntad política. Seguramente ello no será fácil. Poderosos agentes económicos -apoyados por intereses políticos igualmente poderosos- se benefician del actual esquema de destrucción de los bosques. No obstante, el reconocer que los cambios habrán de ser difíciles no implica que no sean viables. Todos aquellos que han participado en el proceso de las Causas Subyacentes están ahora en condiciones mucho mejores de despertar conciencia en su propio medio y de presionar sobre los tomadores de decisiones para que la situación sea corregida. Al mismo tiempo las redes informales generadas durante el proceso continuarán coordinando acciones a nivel internacional para apoyar los cambios al interior de cada país.

En suma: estamos entrando en una nueva etapa, en la cual las soluciones son posibles y mucho habrá de depender del papel que jueguen de aquí en adelante las organizaciones de la sociedad civil.






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