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Sociedad Civil


No. 143/144 - Setiembre/Octubre 2003

George W. Bush y las ONG

¡Cuidado con lo que dicen!

por Naomi Klein

El gobierno de George W. Bush le ha declarado ahora la guerra a las ONG que actúan en forma independiente.

El gobierno de Bush ha encontrado un nuevo objetivo de guerra preventiva y no se trata de Irán, Siria o Corea del Norte; al menos, no todavía. Antes de lanzarse a una nueva aventura en el exterior, el equipo de Bush tiene una tarea doméstica de la que ocuparse: barrer con las díscolas ONGs que predisponen a la opinión pública internacional contra las bombas y la imagen de Estados Unidos.

La guerra contra las ONG se desarrolla en dos frentes. Por un lado, se compra el silencio y la complicidad de los principales grupos humanitarios y religiosos ofreciendo contratos de reconstrucción muy lucrativos. Por otro lado, se margina y se acusa a las ONG más independientes de constituir una amenaza para la democracia.

La Agencia para el Desarrollo Internacional (AID) de Estados Unidos tiene la tarea de mostrar las zanahorias y el American Enterprise Institute, el gabinete estratégico más poderoso de Washington, propina los garrotazos.

¿Un "instrumento del gobierno estadounidense"?

En un discurso pronunciado el 21 de mayo en Washington, el director de la AID, Andrew Natsios, criticó a las ONG estadounidenses por no haber interpretado bien un papel que muchas ni siquiera sabían que se les había asignado: el de relacionistas públicas del gobierno.

Según InterAction, la red de 160 ONG de ayuda y desarrollo que organizó la conferencia, Natsios se mostró "irritado" porque los niños iraquíes y afganos, enfermos y hambrientos, no se enteraron de que habían recibido medicamentos y alimentos por cortesía de George W. Bush. Natsios sugirió que, de ahora en adelante, las ONG hagan un esfuerzo para que quede claro que su ayuda humanitaria tiene una estrecha relación con la política exterior de Estados Unidos ya que, de hecho, son "un instrumento del gobierno estadounidense". "Natsios amenazó con romper personalmente los contratos y buscar nuevos socios", advirtió InterAction a las ONG que no estén dispuestas a cumplir con esa tarea.

Para los trabajadores humanitarios, la dependencia de los dólares estadounidenses es aún mayor. La AID le dijo a varias ONG que habían firmado contratos de ayuda humanitaria que no podían hablar con los medios de comunicación; todo lo que pregunte la prensa debe pasar primero por Washington.

Mary McClymont, directiva de InterAction, sostiene que esta exigencia "no tiene precedentes" y que "parecería que las ONG no son independientes y no pueden hablar sobre lo que ven y lo que piensan". Muchos líderes humanitarios se sorprenden ahora de ver que se habla de su trabajo como un "instrumento" del gobierno, ya que la mayoría se creían independientes (a eso se debía lo de "no gubernamental" que figura en el nombre de las organizaciones).

Las mejores ONG son leales a su causa y no a un país, y no temen oponerse a sus propios gobiernos: alcanza con recordar el enfrentamiento de Médicos Sin Fronteras con la Casa Blanca y la Unión Europea por los medicamentos que precisaban los enfermos de sida, o la campaña de Human Rights Watch contra la pena de muerte en Estados Unidos. El propio Natsios mostró su independencia en su trabajo anterior, cuando era vicepresidente de World Vision. Durante la hambruna de Corea del Norte, no dudó en acusar al gobierno de su país de retrasar la ayuda alimentaria. Según Natsios, la respuesta del gobierno de Bill Clinton era "demasiado lenta" y el argumento presentado, según el cual la política no tenía nada que ver con la lentitud del envío, era "un disparate total".

Pero no se puede esperar una actitud de ese tipo por parte de los grupos de ayuda humanitaria que supervisa Natsios ahora en Irak. Hoy, lo que se espera de las ONG es que se limiten a entregar paquetes de ayuda con una gran etiqueta que diga "esto se los envía Estados Unidos", gracias a una asociación de empresas públicas y privadas, como Bechtel y Halliburton, claro.

Ese es el mensaje de la ONG Watch, un portal en Internet del American Enterprise Institute y de la Federalist Society for Law and Public Policy Studies, que centra su atención en la creciente influencia política del sector sin fines de lucro. El propósito explícito del portal, inaugurado el 11 de junio, es "brindar claridad y responsabilidad al floreciente mundo de las ONG".

En realidad, se trata de una lista negra de estilo macartista donde figuran todas las ONG que se atreven a hablar contra las políticas del gobierno de Bush o que apoyan acuerdos internacionales a los que se opone la Casa Blanca.

La premisa de esta extraña iniciativa es que la formación de grupos de ciudadanos "no elegidos" para tratar de influir sobre su gobierno es algo siniestro. "El extraordinario crecimiento de las ONG activistas en las democracias liberales puede socavar la soberanía de las democracias constitucionales", sostienen los creadores del portal. Teniendo en cuenta que se trata del American Enterprise Institute, la situación es bastante paradojal. Como señala Raj Patel, analista político de Food First (Institute for Food and Development Policy), una ONG con sede en California: "El American Enterprise Institute es una ONG y cuenta con el apoyo de las empresas más poderosas del planeta. Sólo le rinde cuentas a su junta directiva, que incluye a Motorola, American Express y ExxonMobil".

A la hora de las influencias, pocos son tan expertos como el American Enterprise Institute, que encuentra la manera de lograr que hasta las ideas más descabelladas se conviertan en políticas del gobierno de Bush. Pero no debería extrañar que eso ocurra, ya que Richard Perle, miembro y ex presidente de la Junta de Política de Defensa del Pentágono, es integrante del Instituto, junto con Lynne Chenney, la esposa del vicepresidente de Estados Unidos. El gobierno de Bush está lleno de ex miembros del American Enterprise Institute.

Como dijo el presidente Bush en una cena de dicho Instituto en febrero, "En el American Enterprise Institute trabajan algunos de los mejores cerebros del país en los proyectos más importantes que tenemos. Ustedes hacen tan bien su tarea que mi gobierno ha contratado a 20 de sus cerebros". En otras palabras, el Instituto es algo más que un centro de investigación, es el cerebro externo del señor Bush.

Perro pastor

Junto con las declaraciones de Natsios, este ataque a las organizaciones sin fines de lucro es señal de una nueva doctrina Bush: las ONG no deberían ser más que el ala caritativa y de buen corazón del gobierno, encargada de hacer la limpieza luego de guerras y hambrunas.

Su trabajo no debería consistir en buscar el modo de evitar esas tragedias, ni en buscar soluciones políticas. Y, ciertamente, no deberían unirse a movimientos contrarios a la guerra y al libre comercio, que presionan por un verdadero cambio político.

Esta vez, los fanáticos del control de la Casa Blanca se han superado a sí mismos. Primero, intentaron silenciar a los gobiernos que critican su política exterior comprándolos con paquetes de ayuda y acuerdos comerciales. En mayo, el representante comercial de Estados Unidos, Robert Zoellick, declaró que Washington estaba dispuesto a firmar nuevos acuerdos comerciales sólo con aquellos países que ofrecieran "cooperación, o algo mejor, en asuntos de política exterior y seguridad".

Luego, se aseguraron de que la prensa no hiciera preguntas difíciles durante la guerra exigiendo control editorial a cambio de dar acceso a los periodistas.

Y ahora, intentan convertir a los trabajadores humanitarios de Afganistán e Irak en agentes publicitarios de la marca Estados Unidos del señor Bush, para incorporarlos al Pentágono, junto con los periodistas de Fox News.

Se suele acusar al gobierno estadounidense de ser "unilateralista", pero no creo que ese adjetivo sea adecuado. Puede ser que Bush trate de hacer todo solo y a su manera, pero lo que realmente desea es contar con legiones de seguidores con buena disposición para la autocensura, desde gobiernos extranjeros hasta periodistas nacionales y ONGs internacionales.

No estamos hablando de un lobo solitario, sino de un perro pastor. La pregunta inevitable es: ¿qué ONGs harán de ovejas?

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Naomi Klein es autora de los libros No Logo y Fences and Windows (Rejas y ventanas).






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