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No. 104 - Junio 2000

CUMBRE DEL SUR

Castro exhorta a recuperar espíritu de lucha

por Martín Khor

El discurso del presidente de Cuba, Fidel Castro, pronunciado en la sesión de apertura de la Cumbre, fue el que con más fuerza expresó las críticas y preocupaciones del Sur, dirigiendo constantemente la atención hacia las numerosas injusticias y desigualdades de un orden económico neoliberal que globaliza no el desarrollo sino la pobreza. Previno contra la posibilidad de que el G-77 cayera en la sumisión, y para evitarlo subrayó la necesidad de que el Sur rescate su espíritu de lucha y unidad en defensa de sus demandas.

El 12 de abril, el presidente de Cuba, Fidel Castro, exhortó a los dirigentes del Grupo de los 77 países en desarrollo (G-77) a rescatar su espíritu de lucha para enfrentar la globalización actual, que ha globalizado la pobreza pero no el desarrollo. En un encendido discurso pronunciado en la sesión inaugural de la Cumbre Sur del G-77, Castro atacó las políticas neoliberales promovidas por la globalización, reclamó la clausura del Fondo Monetario Internacional (FMI) y propuso la instalación de un tribunal de tipo Nuremberg que enjuicie el orden económico que ha matado a millones de personas.
"No podemos resignarnos a entrar en el próximo siglo como la retaguardia atrasada, pobre, explotada, víctima del racismo y la xenofobia", dijo el presidente cubano. "Para el G-77 la hora actual no puede ser de ruegos a los países desarrollados, ni de sumisión, derrotismo o divisiones internas, sino de rescate de nuestro espíritu de lucha, de la unidad y cohesión en torno a nuestras demandas. Nosotros en Cuba decimos: '¡Patria o muerte!' En esta conferencia cumbre del Tercer Mundo nos correspondería decir: ¡O nos unimos y cooperamos estrechamente, o nos espera la muerte!".
Castro realizó su discurso de bienvenida a la Cumbre del Sur en un grupo que incluía al secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, al presidente de Nigeria, Olusegun Obasanjo, presidente del G-77, y al presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki, presidente del Movimiento de Países No Alineados. El discurso del líder cubano conmocionó al auditorio. Comenzó comparando al planeta con un barco con pasajeros de distintas clases. Nunca antes la humanidad tuvo tanto potencial tecnológico para generar riqueza, pero nunca antes la desigualdad y la inequidad fueron tan profundas, dijo.

Una injusticia titánica

"La globalización es una realidad objetiva, que pone de manifiesto nuestra condición de pasajeros en un mismo barco, este planeta habitado por todos. Pero en ese barco los pasajeros viajan en condiciones muy desiguales. Una exigua minoría viaja en camarotes de lujo dotados de Internet, disponen de dieta alimenticia abundante, tienen atención médica. La mayoría viaja en condiciones que semejan las travesías del comercio de esclavos entre África y América en el pasado colonial. Hacinados en bodegas insalubres, con hambre, enfermedad y desesperanza, viajan en ese barco el 85 por ciento de sus pasajeros. Este barco carga demasiada injusticia para mantenerse a flote, y sigue un curso tan irracional y absurdo que no puede ser capaz de arribar a puerto seguro. Este barco parece destinado a chocar con un iceberg. Si así ocurre, nos hundiremos todos. Los jefes de Estado y de gobierno que aquí nos reunimos, representantes de la abrumadora y doliente mayoría, tenemos el derecho y aun más la obligación de dar un golpe de timón y corregir ese rumbo catastrófico. Tenemos la obligación de ocupar el lugar que nos corresponde en el puente de mando y hacer que todos naveguemos en condiciones de solidaridad, equidad y justicia".
Castro dijo que durante dos décadas el Tercer Mundo prestó atención a un único discurso simplista, y se le impuso una única política. Se le dijo que el mercado sin regulación, la privatización máxima y la retirada del Estado de la actividad económica, eran principios infalibles. "Los países desarrollados, y en especial Estados Unidos, las grandes transnacionales beneficiarias de esa política y el Fondo Monetario Internacional, diseñaron en las dos últimas décadas el orden económico mundial más hostil para el progreso de nuestros países, y también el más insostenible en términos ambientales. La globalización fue encerrada en la camisa de fuerza del neoliberalismo, y como tal tiende a globalizar no el desarrollo sino la pobreza; no el respeto a la soberanía nacional de nuestros Estados sino su violación; no la solidaridad sino el sálvese quien pueda en medio de la desigual competencia en el mercado".
Castro añadió que dos décadas de ajuste estructural neoliberal provocaron fracasos económicos y desastres sociales. Es deber de los políticos responsables sacar al Tercer Mundo de este callejón sin salida. Señaló que bajo el neoliberalismo, el crecimiento mundial se redujo y aumentó la inestabilidad, la especulación, la deuda externa y el intercambio desigual. Se obliga al Tercer Mundo a inmovilizar recursos financieros y endeudarse para mantener reservas en divisas para resistir ataques especulativos, pero ni siquiera alcanzó con esto, como lo demostraron las crisis financieras asiáticas. Castro dijo que los 727.000 millones de dólares de reservas de los bancos centrales del mundo están en Estados Unidos, lo que origina la paradoja de que los países pobres ofrecen financiamiento barato y a largo plazo al país más rico y poderoso del mundo.
Si Cuba pudo lograr importantes éxitos en la educación, la salud, la cultura, la ciencia, el deporte y otras esferas sociales a pesar del bloqueo económico y revalorizó siete veces su moneda en los últimos cinco años con relación al dólar, ello fue posible gracias "al privilegio de no pertenecer al Fondo Monetario Internacional". El FMI es la organización emblemática del actual sistema monetario, sobre cuyas decisiones Estados Unidos detenta poder de veto. En la reciente crisis financiera demostró imprevisión y un manejo torpe, imponiendo condiciones que paralizaron a los gobiernos.
"Es hora ya de que el Tercer Mundo demande con energía la demolición de un organismo que no ofrece estabilidad a la economía mundial y funciona no para entregar fondos preventivos a los deudores y evitarles crisis de liquidez, sino para proteger y rescatar a los acreedores. ¿Qué racionalidad o qué ética puede haber en un orden monetario internacional que permite a unos técnicos cuyos cargos dependen del apoyo norteamericano, diseñar desde Washington programas de ajuste económico siempre iguales para ser aplicados a la enorme variedad de países y problemas concretos del Tercer Mundo? ¿Quién asume la responsabilidad cuando los programas de ajuste ocasionan caos social? Para el Tercer Mundo es de vital importancia hacer desaparecer esta siniestra institución y la filosofía que representa, y sustituirla por un órgano regulador de las finanzas internacionales que funcione sobre bases democráticas, que no imponga condiciones que suponen una injerencia sino que permita regular los mercados financieros para frenar la especulación".
Castro añadió que la deuda no es un tema económico sino político, y por lo tanto exige una solución política. Criticó la Iniciativa para la reducción de la deuda de los países pobres muy endeudados (PPME), con un nombre tan largo pero de tan cortos resultados, un intento "ridículo" de aliviar el 8,3 por ciento del total de la deuda del Sur. Pero cuatro años después de su puesta en práctica, sólo cuatro de los 33 países más pobres atravesaron el complicado proceso simplemente para obtener la condonación de 2.700 millones de dólares de deuda, que es el 33 por ciento de lo que se gasta anualmente en Estados Unidos en cosméticos. En lugar de eso, debería reconocerse que la deuda del Tercer Mundo es impagable e incobrable.

Instrumento de dominio

En cuanto al comercio, Castro dijo que en manos de los países ricos, se convirtió en un instrumento de dominio. Bajo la globalización, el comercio acentuará las desigualdades y será el escenario de la pugna entre los países desarrollados por el control de los mercados futuros. Mientras el neoliberalismo repite el discurso sobre la eficiencia de la liberalización comercial, en realidad la participación de los países subdesarrollados en el comercio mundial ha menguado. "La liberalización del comercio ha consistido, en lo esencial, en una eliminación unilateral de instrumentos de protección por parte del Sur sin que los países desarrollados hayan hecho lo mismo para permitir la entrada a sus mercados de las exportaciones del Tercer Mundo".
Castro dijo que los países ricos habían alentado la liberalización de sectores de la alta tecnología, en los cuales disfrutan de ventajas (servicios, la tecnología de la información, la biotecnología y las telecomunicaciones) pero se negaron a suprimir sus restricciones en agricultura y textiles.
En los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el arancel promedio aplicado a las exportaciones de manufacturas de los países en desarrollo es cuatro veces mayor que el que se aplica a los propios países de esa organización. Se levanta una gran muralla de barreras no arancelarias que margina a los países del Sur. El trato especial y diferenciado hacia los países pobres es considerado no un acto de elemental justicia y necesidad, sino como un ejercicio temporal de caridad.
La fracasada reunión de Seattle expresó el cansancio y la oposición que la política neoliberal provoca en crecientes sectores de opinión en países del Sur y del propio Norte. "En Seattle ocurrió una sublevación contra el neoliberalismo, que tuvo un antecedente en el rechazo a los intentos para imponer un Acuerdo Multilateral de Inversiones. Son expresiones de que el agresivo fundamentalismo de mercado, que ha ocasionado cuantiosas pérdidas a nuestros países, está levantando una fuerte y merecida repulsa mundial".
El presidente cubano dijo que para el G-77 la hora actual no podía ser de ruegos a los países desarrollados sino de rescate de su espíritu de lucha, de la unidad y cohesión en torno a sus demandas. "Nos prometieron hace 50 años pan y justicia, y hoy hay cada vez menos pan y menos justicia. El mundo podrá globalizarse bajo la égida neoliberal, pero es imposible gobernar miles de millones de personas hambrientas de pan y de justicia. Las imágenes que vemos de madres y niños en regiones de África bajo el azote de la sequía nos recuerdan los campos de concentración de la Alemania nazi. Hace falta un Nuremberg para juzgar el orden económico que nos han impuesto, que cada tres años mata de hambre y de enfermedades previsibles o curables más hombres, mujeres y niños que todos los que en seis años mató la Segunda Guerra Mundial", concluyó.






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