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Tema de tapa


Nº 170 - marzo/abril 2007

Tensión creciente con Irán: ¿Hacia otro ataque militar?

por Praful Bidwai

Existen fundadas razones para temer que Estados Unidos, por sí solo o en coordinación con Israel, lance un ataque militar contra Irán. Aunque los neoconservadores de Washington que están detrás de esta campaña han puesto la mira mucho más allá de la destrucción de las instalaciones nucleares iraníes, para justificar la actitud paranoica e irracional invocan el espectro de un Irán nuclear. Pero es precisamente esta postura agresiva hacia Irán lo que puede hacer que ese país adopte un programa de armas nucleares.

Cada vez son más las señales de que el gobierno de George W. Bush se prepara para enfrentar a Irán, y posiblemente para lanzar ataques militares contra ese país, a fin de lograr una serie de metas que van más allá de limitar la influencia de Teherán en Irak o de paralizar su programa nuclear.
Un enfrentamiento militar con Irán, en medio de la grave crisis en Irak y la volátil situación en Asia occidental, tendría consecuencias catastróficas para el mundo, mucho más si Estados Unidos, solo o junto a su aliado Israel, utiliza armas nucleares para atacar y destruir las instalaciones nucleares de Irán, como sugieren algunos informes.

Señales de advertencia

Ya se pueden advertir al menos seis señales peligrosas. En primer lugar está la estrategia de Bush de agregar 21.500 soldados a los 140.000 ya desplegados en Irak. Es improbable que esto marque una diferencia en el equilibrio militar en el terreno o en la capacidad de Estados Unidos de reprimir la insurgencia iraquí. Según estrategas militares, serían necesarios al menos 300.000 soldados, si no medio millón, para “estabilizar” Irak.
La adición mucho menor anunciada por Bush -y promovida por neoconservadores de Estados Unidos, especialmente del grupo de expertos American Enterprise Institute, pero rechazada por comandantes militares en Bagdad- estará dirigida, muy probablemente, contra Irán. El propio Bush lo sugirió en el discurso que realizó sobre la ampliación de la presencia militar estadounidense en Irak.
“También estamos tomando otras medidas para mejorar la seguridad en Irak y proteger los intereses estadounidenses en Medio Oriente”, anunció Bush.. “Recientemente ordené el despliegue de otro grupo militar en la región. Ampliaremos la colaboración de inteligencia y desplegaremos sistemas de defensa aérea Patriot para tranquilizar a nuestros amigos y aliados. Trabajaremos con los gobiernos de Turquía e Irak para ayudarles a resolver problemas a lo largo de su frontera. Y trabajaremos con otros para impedir que Irán obtenga armas nucleares y domine la región. Asimismo, buscaremos y destruiremos las redes que proveen armas avanzadas y entrenamiento a nuestros enemigos en Irak”.
Parece lógico interpretar estas declaraciones como una intención de atacar a Irán, que ha sido acusado por Washington de integrar y dirigir tales “redes”. Estados Unidos podría realizar tal ataque solo o junto con Israel, que ha presionado para emprender una acción militar contra Irán, e incluso podría hacerlo solo, como veremos más adelante.
La segunda señal es el envío por Bush de dos portaaviones al Golfo, cerca de Irán, a la cabeza de 50 buques. Muchos funcionarios y diplomáticos europeos ven esto como una señal de que “el momento se acerca (...) La acción militar está otra vez sobre la mesa, con más fuerza que antes. El discurso de Estados Unidos ha cambiado”, publicó el diario británico The Guardian.
El diario citó a diplomáticos de Bruselas y Viena, según los cuales “se ha abierto una fisura entre Estados Unidos y Europa occidental” en tres aspectos cruciales: la opción militar, cómo y cuándo imponer a Irán sanciones económicas ya decididas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y qué actitud tomar frente a la oposición de Rusia a cualquier acción contra Irán mediante el Consejo de Seguridad. “Hay mucha ansiedad en todas partes. Los europeos temen que la situación estalle”, dijo un diplomático citado por The Guardian.
En tercer lugar, el tipo de armas que Estados Unidos está desplegando sugiere planes de atacar a Irán u objetivos iraquíes. Por ejemplo, no tiene sentido desplegar misiles antimisiles Patriot contra los insurgentes iraquíes, que no cuentan con misiles y normalmente pelean con armas automáticas y bombas improvisadas. Los Patriot están destinados a derribar misiles iraníes. De manera similar, los grupos de portaaviones, que combinan poder aéreo y naval, no pueden desplegarse contra objetivos localizados en Irak. La marina estadounidense también se ha preparado para repeler o prevenir un probable bloqueo por Irán de los embarques de petróleo que pretendan pasar por el estrecho de Ormuz, en caso de un ataque militar contra Irán.

Propaganda estadounidense

Una cuarta señal es la intensificación de la propaganda estadounidense acerca del suministro de poderosas armas a los insurgentes iraquíes por parte de Irán. “Hemos detectado individuos que están entregando tecnología explosiva muy avanzada a grupos insurgentes chiitas, que después usan esa tecnología para atacar y matar a soldados estadounidenses (...) Y el mensaje de Estados Unidos es que Irán debe desistir de esta actitud”, dijo el subsecretario de Estado, Nicholas Burns.
A fines de enero, el teniente general Raymond Odierno, el segundo comandante estadounidense en Irak, dijo al diario USA Today que “hay armas que pueden rastrearse hasta Irán por su número de serie”, entre ellas RPG-29 (granadas lanzadas por cohetes), cohetes Katyusha y poderosas bombas de caminos. “Descubriremos las cadenas de abastecimiento y sus agentes, y los detendremos (...) En otras palabras, protegeremos a nuestros soldados”, anunció Bush.
Un elemento clave en esta nueva ofensiva estadounidense es “contrarrestar la acción iraní y siria que amenace a las fuerzas de coalición”. Recientemente, Bush declaró a la National Public Radio: “Si Irán aumenta su acción militar en Irak en detrimento de nuestros soldados y/o de iraquíes inocentes, responderemos con firmeza”.
Sin embargo, no está nada claro si los iraníes están realmente armando a la insurgencia iraquí. Ninguna investigación independiente ha producido pruebas de tal suministro de armas. Incluso el general Peter Pace, presidente del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, ha afirmado que no existen esas pruebas. Las milicias que atacan a las fuerzas estadounidenses son principalmente sunitas y no sienten afecto alguno por Irán. Igualmente importante es que el régimen semiclerical chiita de Irán siente una profunda antipatía por la organización extremista islámica Al Qaeda. Las milicias chiitas solo suelen atacar a soldados estadounidenses en Irak como represalia.
Pese a esto, algo está muy claro: la campaña belicosa de Estados Unidos, que culpa a “agentes” y “redes” iraníes en Irak por los ataques a las fuerzas estadounidenses y busca una acción militar contra ellos, se parece peligrosamente a la escalada del discurso contra Saddam Hussein, que terminó en la guerra contra Irak. Aun las negativas estadounidenses de los planes para atacar a Irán se parecen a las negativas con respecto a Irak en 2002, aunque en ese entonces Washington inventó todo tipo de mentiras acerca de los esfuerzos de Saddam Hussein para construir “armas de destrucción masiva”.

Política de “matar o capturar”

La quinta señal de advertencia es que Bush “autorizó al ejército estadounidense a capturar o matar operadores iraníes dentro de Irak, como parte de una nueva y agresiva estrategia para debilitar la influencia de Teherán en todo Medio Oriente y obligarlo a abandonar su programa nuclear, según funcionarios de gobierno y antiterroristas con conocimiento directo de este esfuerzo”, reveló The Washington Post.
“Por más de un año, las fuerzas estadounidenses en Irak han detenido en secreto a decenas de supuestos agentes iraníes, por tres o cuatro días. Esta política de ‘detener y soltar’ fue diseñada para evitar una escalada de la tensión con Irán y a la vez intimidar a sus emisarios”, explicó el diario. Pero recientemente, agregó, “altos funcionarios de gobierno decidieron que era necesario adoptar una postura de mayor confrontación, a medida que la influencia regional de Irán crecía y los esfuerzos de Estados Unidos por aislar a Teherán parecían fracasar”. Por lo tanto, ahora está en vigor un nuevo programa de “capturar o matar”.
Según altos funcionarios de gobierno, esta política se basa en la teoría de que Teherán se retractará de sus ambiciones nucleares si Estados Unidos lo golpea fuerte en Irak y otras partes, creando una sensación de vulnerabilidad entre los líderes iraníes. Esto malinterpreta el ánimo de Teherán y subestima la fuerza del sentimiento popular antiestadounidense, además de sobreestimar la capacidad de Estados Unidos de someter a los líderes iraníes. La política de “capturar o matar” solo fortalecerá a los radicales de Teherán y la determinación del régimen iraní de resistir la prepotencia de Washington.
La sexta señal es que la última modificación del gabinete de Bush incluyó la destitución y marginación del director nacional de inteligencia, John Negroponte, conocido por su sobria evaluación de la capacidad de enriquecimiento nuclear de Irán y por restar importancia a la amenaza iraní. “Nuestra evaluación es que faltan varios años para que Irán tenga un arma nuclear, probablemente en la próxima década”, dijo Negroponte en abril pasado. Muchos neoconservadores, incluso destacadas figuras del Project for the New American Century, exigieron la destitución de Negroponte.
La decisión de Bush de despedir a Negroponte está de acuerdo con las declaraciones de varios altos funcionarios de Washington, que indican un endurecimiento de la postura hacia Irán y la adopción de un “tercer frente” en Medio Oriente, además de “la captura de insurgentes y miembros de Al Qaeda en Irak, y el aplastamiento de la guerra sectaria” (The New York Times). Ese frente es Irán.
Recientemente, la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, describió lo que denominó una estrategia nacional “en evolución” para enfrentar “la conducta desestabilizadora” de Irán en toda la región. El asesor de seguridad nacional de Bush, Stephen J. Hadley, declaró que Estados Unidos se resistía a un esfuerzo iraní para, “básicamente, establecer la hegemonía” en la región.
Todo esto sugiere que la estrategia de Estados Unidos implica mucho más que la neutralización del papel de Irán en Irak. El objetivo es contener y debilitar a Irán como potencia regional. “Desde los estados del Golfo hasta los saudíes, los israelíes y los jordanos, todos están preocupados” por la conducta de Irán, afirmó el vicepresidente Dick Cheney. El comportamiento de Irán es “multidimensional, y de hecho preocupa a todos en la región”, agregó.
Según altos funcionarios de la administración Bush citados por The New York Times, la estrategia gubernamental “va mucho más allá de impedir que los iraníes colaboren con los ataques contra las fuerzas estadounidenses e iraquíes dentro de Irak” y se propone “frustar el sueño de Irán de convertirse en la mayor potencia de Medio Oriente”.

Israel también

Aparte de los planes de contingencia de Estados Unidos para atacar a Irán, Israel también habría hecho complejos preparativos militares para destruir las instalaciones nucleares iraníes, posiblemente con armas nucleares, publicó el diario The Sunday Times de Londres el 7 de enero. El mismo periódico reveló en 1986 la existencia de un sustancial arsenal atómico en Israel, basado en declaraciones del técnico nuclear Mordechai Vanunu.
Poco después, Vanunu fue secuestrado por agentes israelíes y juzgado y condenado en Israel a 18 años de prisión por revelar secretos de Estado. El castigo de Vanunu no hizo más que confirmar lo que ya se sabía: Israel tenía un programa de armas nucleares desde la década del cincuenta. Se cree que actualmente tiene entre 200 y 300 bombas nucleares.
The Sunday Times afirmó en su artículo del 7 de enero que Israel elaboró planes para atacar al menos tres sitios en Irán (Natanz, Arak e Isfahan), posiblemente con armas nucleares tácticas. Se trata, respectivamente, de los emplazamientos de la planta de enriquecimiento de uranio, el reactor de agua pesada y una instalación de conversión de uranio en gas. Además, pilotos de la fuerza aérea israelí volaron a Gibraltar a fines de 2006 a fin de entrenarse para el viaje de 2.000 millas hacia objetivos iraníes, aseguró el diario londinense.
Cuando se les preguntó si la fuerza aérea se estaba entrenando para un ataque contra instalaciones nucleares iraníes, las autoridades del ejército israelí se negaron a hacer comentarios. Pero ex comandantes de la fuerza aérea sostuvieron que Israel tiene planes de contingencia y se ha entrenado para ataques de largo alcance durante muchos años.
Ya sea que Israel ataque a Irán por su cuenta o en colaboración y coordinación aeroespacial con Estados Unidos, o a instancias de Washington, o que Estados Unidos realice el ataque por sí solo, la posibilidad (o probabilidad) de una acción militar contra Irán ya no podrá descartarse. Si se concreta, probablemente sea antes de setiembre u octubre. Para entonces, el núcleo de un reactor de energía nuclear civil que Rusia está construyendo en la ciudad de Bushehr estará cargado con combustible nuclear. Si este reactor es blanco de un ataque, podría ocurrir un desastre como el de Chernobyl, con devastadoras consecuencias más allá de Medio Oriente. Algunos analistas creen que la acción militar se lanzaría aun antes, en abril o mayo.
El diario The Arab Times de Kuwait vaticinó que el ataque tendrá lugar antes de fines de abril. Y la agencia oficial de noticias de Bulgaria sostuvo que “las fuerzas estadounidenses podrían utilizar sus dos bases aéreas en Bulgaria y una en la costa del mar Negro, en Rumania, para lanzar un ataque contra Irán en abril”.
Cabe destacar las declaraciones de Dan Plesh, ex miembro del British-American Security Information Council (BASIC) y actual miembro de la Facultad de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres. “Donald Rumsfeld y el American Enterprise Institute han elaborado una estrategia de cambio de régimen en Irán que no incluye una invasión por tierra. Las armas de destrucción masiva proveerán la justificación para la acción militar, aunque ésta no se limitará a ataques contra unas pocas fábricas de armas. La acción militar también limitará la capacidad de represalia de Irán, utilizando bombarderos para destruir hasta 10.000 objetivos en el primer día de la guerra, y vuelos de fuerzas especiales para destruir lo que quede”, afirmó Plesh. “Después, Estados Unidos respaldará un cambio de régimen, en la esperanza de reemplazar a los ayatolás… Los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña apoyan una coalición de grupos que buscan crear un Irán federal. Este podría ser otro engaño de los neoconservadores, pero éste no es el punto. Hacer que Teherán se concentre en problemas internos lo incapacita para actuar en otras partes”.
Un eventual ataque a Irán no se puede limitar a la destrucción de las instalaciones nucleares del país, sino que debe incluir todos los objetivos militares importantes, para impedir represalias contra objetivos estadounidenses e israelíes. Según el independiente Oxford Research Group, tales ataques, aún con armas convencionales, provocarían miles de bajas militares. “Y las muertes de civiles se contarían por cientos, como mínimo”. La mortandad sería mucho mayor si se usaran armas nucleares o bombas “rompebúnkers”. Su utilización rompería un tabú mundial contra el uso de armas nucleares, vigente desde 1945. Tal ruptura tendría nefastas consecuencias para la perspectiva de la proliferación nuclear y otorgaría “respetabilidad” a la desacreditada idea de la guerra nuclear.
Una guerra contra Irán tendría un poderoso efecto unificador del pueblo iraní, a favor de su gobierno y en contra de Occidente. Provocaría una repulsión mundial, en especial en los países islámicos. Sería vista como una confirmación de la hostilidad visceral de Occidente hacia el Islam y de su prejuicio contra el Tercer Mundo, al que procura recolonizar y dominar. Y produciría una conflagración jamás imaginada en todo Medio Oriente.

Combinación de motivos

¿Qué explica los planes de Estados Unidos de contener y atacar a Irán, solo o con Israel? Las razones parecen ser varias: un profundo resentimiento y prejuicio contra Irán por la Revolución Islámica de 1979, que incluyó la humillante detención de 50 diplomáticos estadounidenses en Teherán durante 44 días; el resurgimiento de Irán como una potencia militar mediana después de su guerra de ocho años contra Irak; su creciente peso político, económico y estratégico en Medio Oriente gracias a los altos precios del gas y del petróleo en los últimos años; el contratiempo de Israel en el Líbano el pasado verano boreal, que debilitó políticamente la posición israelí y fortaleció lo que se conoce erróneamente como el “poder chiita” (sobre la presunción de que Hizbolá es apenas un títere de Irán); ansiedad por el papel “desestabilizador” de Irán en Irak y Afganistán, y temor exagerado y paranoico sobre el programa nuclear, la capacidad y las intenciones de Irán.
Todos estos factores juntos y sumados a la premisa de que Irán es un “estado renegado” que integra el “eje del mal”, producen una combinación fatal. La fatalidad aumenta por el proyecto neoconservador de dominar al mundo mediante la prolongación o perpetuación del “momento unipolar” creado por el derrumbe de la Unión Soviética.
No es difícil apreciar la profunda irracionalidad de estas presunciones. En primer lugar, las autoridades estadounidenses no comprenden en absoluto las raíces históricas de la Revolución Islámica, algunas de las cuales se relacionan con el derrocamiento en 1953, por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, del gobierno del nacionalista Muhammed Mossadeq, el primer régimen de Asia occidental elegido democráticamente después de la Segunda Guerra Mundial, y el apoyo de Estados Unidos al odiado sha Mohamed Reza Palevi.
Tan profundo es el sentimiento antiiraní en Washington que Estados Unidos ha despreciado todos y cada uno de los intentos de Teherán por reducir la tensión y normalizar las relaciones bilaterales, ya fuera durante la presidencia del moderado Mohammed Jatami o después. Excepto por el oscuro acuerdo Irán-Contras (nicaragüenses) de mediados de la década del ochenta, Estados Unidos no ha hecho ningún pacto con Irán, ni siquiera encubierto. Washington no ha hecho ningún esfuerzo por evaluar la posibilidad de un nuevo acercamiento a Irán.
En enero de 2002, Bush declaró que Irán integraba el “eje del mal”, junto con Irak y Corea del Norte. Al año siguiente, su gobierno rechazó una propuesta enviada por Teherán a través de la embajada suiza en Washington que contenía sugerencias positivas para la reconciliación. Pocas autoridades estadounidenses aprecian la voluntad de Irán de ser reconocido como un país normal, responsable y respetuoso de las leyes.
El enfoque paranoico e irracional de Estados Unidos hacia el programa nuclear de Irán representa la peor forma de prejuicio. Y es la razón principal por la que Washington ha desaprovechado una y otra oportunidad de lograr auténtica cooperación y transparencia en cuanto a las actividades nucleares de Irán.

Aspecto nuclear

Nadie sostiene que Irán haya manejado su programa nuclear, en especial sus esfuerzos de enriquecimiento de uranio, de manera ejemplar o transparente. Es cierto que Irán ocultó algunas de sus actividades de los inspectores internacionales durante 18 años. Pero todas las potencias nucleares hacen esto, incluso Estados Unidos, y violan los compromisos que asumieron por el Tratado sobre la no proliferación de armas nucleares.
Lo importante es que, después de 2003, Irán brindó voluntariamente información sobre su programa nuclear a la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) e invitó a sus inspectores a visitar sus instalaciones, revisarlas y tomar muestras. Entre noviembre de 2004 y la primavera boreal de 2006 suspendió todas sus actividades de enriquecimiento de uranio, tras un acuerdo con Alemania, Francia y Gran Bretaña (Unión Europea-3), que le prometieron un generoso paquete de asistencia económica y política, junto con garantías de seguridad, a cambio de la restricción nuclear.
Sin embargo, los tres países europeos renegaron de su oferta a Irán tras la elección como presidente de Mahmoud Ahmadinejad. E Irán reanudó sus actividades nucleares, abiertamente y con pleno conocimiento de la AIEA. Este organismo todavía no ha llegado a la conclusión de que Irán está violando los compromisos que asumió por el Tratado de no proliferación y la Carta de la AIEA, o de que ha desviado material nuclear de instalaciones civiles a militares.
Irán tiene antecedentes de ocultamiento de algunas actividades nucleares, pero esto no puede equipararse a la infracción material de sus obligaciones del Tratado de no proliferación. La propia AIEA ha señalado varias veces que la información brindada por Irán ha mejorado y que la actitud general del gobierno es cooperativa. No tiene sentido asimilar las actividades nucleares de Irán a las de Corea del Norte o Pakistán.
Esto no significa de modo alguno que las intenciones de Irán sean totalmente honorables y pacíficas, ni que haya renunciado a las armas nucleares para siempre. Pero ninguno de los nueve países con armas nucleares (Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, Francia, China, Israel, India, Pakistán y Corea del Norte) ha demostrado la menor intención de desarmarse. Irán puede tener la intención de adquirir armas nucleares, pero esto no puede ni compararse con la existencia de 27.000 armas nucleares en nueve países, 90 por ciento de ellas en los cinco países reconocidos como potencias nucleares por el Tratado de no proliferación. La intención es una cosa, y la posesión real es otra.
Lo cierto de Irán es que ha iniciado una actividad (el enriquecimiento de uranio) que tiene potencialmente aplicaciones tanto militares como civiles. Pero ha ofrecido someter ese programa a estrictas inspecciones de la AIEA. Tales inspecciones, junto con una postura cooperativa y no punitiva hacia Irán, ofrecen a la comunidad internacional la mejor oportunidad de asegurarse que el enriquecimiento de uranio no sea utilizado para fines militares.
Por lo que pude apreciar en mi visita a Irán en abril y mayo de 2006, no parece haber consenso entre los políticos iraníes sobre si Teherán debe procurar a la vez el desarrollo de armas nucleares y la generación de energía nuclear. Esto distingue a Irán de India. Durante dos décadas antes de las pruebas de 1998 existía en Nueva Delhi el consenso de que el país debería adquirir y mantener armas nucleares, aunque sin usarlas.
La situación en Irán es diferente. Hay un fuerte consenso a favor de la energía nuclear, aunque sin un debate adecuado sobre su seguridad, su viabilidad económica ni sus consecuencias sobre el ambiente. Pero no hay un acuerdo amplio sobre la adquisición de armas nucleares, al menos en el futuro inmediato.
Sin embargo, si Irán es puesto contra la pared y castigado solo por las sospechas de Estados Unidos, seguramente esto consolidará en Teherán la determinación de fabricar o adquirir armas nucleares. Un ataque militar podría retrasar algunos años el programa de enriquecimiento de uranio de Irán, pero no podría eliminarlo para siempre. Si Irán sufre un ataque militar, será inevitable que adquiera armas nucleares en el futuro.
El momento actual ofrece una oportunidad única de resolver este problema mediante negociaciones pacíficas, que involucren a instituciones multilaterales. Según estimaciones de expertos, a Irán le faltan entre cinco y diez años para producir combustible nuclear suficiente para fabricar una bomba. Un informe del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) de Londres estimó en 2005 que Irán necesitaría más de diez años para construir una planta centrífuga de escala industrial en Natanz.
Por el momento, Natanz es básicamente una “planta piloto”, con solo 164 centrífugas. Se necesitan miles para producir suficiente combustible nuclear para adquirir un programa significativo de armas nucleares. Trascendió que Irán está por agregar 3.000 centrífugas a sus cascadas en Natanz. Pero se trata de máquinas relativamente primitivas, cuya eficiencia industrial todavía no se ha demostrado.
“Si Irán llega a tener 3.000 centrífugas en funcionamiento le llevaría entre nueve y 11 meses más producir 25 kilogramos de uranio altamente enriquecido, suficiente para un arma de implosión. Para eso faltan al menos dos o tres años”, señaló el IISS en su informe del 31 de enero. Esta es la estimación más optimista que se haya hecho hasta el momento.
Pero esto no es todo. Según expertos independientes y otra evaluación del IISS, el gas de hexafluoruro de uranio producido en la planta de conversión de Isfahan contiene altos niveles de impurezas. Esto pone en duda la capacidad de utilización del gas en el proceso de enriquecimiento.
Las centrífugas de uranio giran a una velocidad extremadamente alta, de 800 a 1.200 revoluciones por segundo. Ante el menor desequilibrio o asimetría, e incluso ante una lubricación deficiente, se rompen. Hasta conexiones defectuosas y terremotos de intensidad moderada pueden causar accidentes. E Irán es un país sísmicamente muy activo. Incluso el Departamento de Energía Atómica de India ha tenido problemas para estabilizar centrífugas de enriquecimiento de uranio en su planta de materiales raros, cerca de Mysore. Cabe prever que Irán enfrente problemas mucho más graves, dado que está muy por detrás de India en materia tecnológica e industrial.
Además, no se debe suponer que el ámbito político iraní es homogéneo o impermeable a argumentos favorables a la moderación en su postura nuclear y sus relaciones internacionales, mucho menos que el presidente Ahmadinejad puede determinar por sí solo la política nuclear iraní.
De hecho, el árbitro último de esa política es el ayatolá Alí Jamenei, el líder espiritual supremo de Irán. Y Alí Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y principal negociador nuclear de Irán, desempeña también un papel importante como representante de Jamenei. En los últimos tiempos, las declaraciones de Ahmadinejad parecieron alejarse de la postura de Jamenei. El presidente recibió reprimendas de otros líderes religiosos, como el ayatolá Montazari y el clero de la ciudad sagrada de Qom, por sus discursos de corte radical y su postura aparentemente inflexible, y a veces provocativa, sobre la cuestión nuclear.
El presidente es criticado en especial por su rechazo a la mera posibilidad de una amenaza a la seguridad iraní por parte de Estados Unidos o Israel. Incluso el canciller Manouchehr Mottaki contradijo la evaluación presidencial. “La amenaza de Estados Unidos es mucho más grave que su mera campaña psicológica y su propaganda (...) Es posible que se produzcan ataques, limitados o no”, dijo Mottaki al parlamento el 23 de enero.
Existen razones para pensar que los moderados se fortalecieron después de las elecciones de diciembre para la Asamblea de Expertos, en las que los partidarios de Ahmadinejad fueron derrotados. Encabezados por los ex presidentes Jamenei y Alí Akbar Hashemi Rafsanjani, los moderados han formado una alianza para contrarrestar a Ahmadinejad. Su posición se fortalecerá más si Estados Unidos e Israel abandonan su postura beligerante y optan por una diplomacia seria, como Rusia, China y, en cierta medida, la Unión Europea, les han exhortado a hacer.

Necesidad de restricción

Si Estados Unidos y/o Israel atacan a Irán, este país creará graves problemas a las fuerzas de ocupación en Irak y Afganistán, y desestabilizará aún más la situación en la región. Algunos altos funcionarios de la administración Bush citados por The Washington Post reconocieron que Irán “posee los medios para poner ciudadanos estadounidenses y nuestro interés nacional en mayor riesgo en Irak, Afganistán y otras partes”. La influencia iraní en Irak, de mayoría chiita, o en Afganistán (en especial mediante la Alianza del Norte), no debe subestimarse. Si lo provocan, Irán puede causar un enorme daño a las fuerzas y a los intereses de Estados Unidos e Israel en todo Medio Oriente.
Esto hace necesario que Estados Unidos reciba presión mundial para que modere su postura hacia Irán. Lamentablemente, no está claro si las principales potencias y otros actores, como el Movimiento de Países No Alineados, que ha reafirmado el derecho de Irán al enriquecimiento de uranio para fines pacíficos, pueden ejercer esa presión. Irán ha invitado a embajadores de algunos de esos países para que visiten sus instalaciones nucleares. Pero es improbable que su opinión persuada a Estados Unidos de cambiar su postura.
India, que alguna vez fue líder del Movimiento de Países No Alineados, ha adoptado una posición vergonzosamente ambigua, contradictoria y pusilánime con respecto a Irán. Dos veces votó en contra de Irán en la AIEA, aunque admitió que Teherán no violó las obligaciones del Tratado de no proliferación. El gobierno indio está tan preocupado por finalizar su polémico acuerdo de cooperación nuclear con Estados Unidos que no puede resistir la presión de Washington para aislar a Irán.
Por su parte, Rusia y China proclaman que se oponen a la aplicación de sanciones duras y al uso de la coerción contra Irán, pero no impidieron que este país fuera denunciado por la AIEA al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Tampoco ejercieron su poder de veto contra la Resolución 1737 de diciembre pasado, que impuso duras sanciones a Irán. No está claro si resistirán la presión de Estados Unidos para aplicar duras sanciones financieras a bancos y empresas iraníes. Esto hace más necesario un esfuerzo de la sociedad civil, en todos los foros internacionales disponibles, y de países inclinados hacia la paz y la moderación, a fin de generar una opinión pública mundial y presionar a Estados Unidos para que se contenga. De lo contrario, Estados Unidos e Israel se verán tentados a utilizar la opción militar contra Irán, y el mundo enfrentará una catástrofe aún mayor que la de Irak y Afganistán juntas.

------------- Praful Bidwai es un investigador social y activista residente en Nueva Delhi. Es miembro fundador de la Coalición para el Desarme Nuclear y la Paz (India) y coautor, junto con Achin Vanaik, de South Asia on a Short Fuse: Nuclear Politics and the Future of Global Disarmament (Oxford University Press, 2001).






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