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Nº 170 - marzo/abril 2007

El programa de energía nuclear de Irán

El programa de energía nuclear de Irán se ha transformado en el nuevo polvorín del planeta gracias a la campaña belicista de Estados Unidos e Israel contra Teherán, al que acusan de tratar de producir armas nucleares. Estados Unidos afirma que Irán ha estado dedicado secretamente a un programa de armas nucleares encubierto bajo un programa de generación de energía nuclear para fines civiles, pero no hay pruebas que respalden tal afirmación.

Irán, como signatario del Tratado sobre la no proliferación de armas nucleares y estado miembro de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), hasta hace poco sometió plenamente su programa nuclear a la supervisión intensiva de este organismo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Si bien es cierto que Irán no cumplió totalmente su obligación de informar de todas sus actividades nucleares a la AIEA, los inspectores de esta agencia nunca encontraron en ese país prueba alguna de incumplimiento con el propio Tratado de no proliferación. Cabe señalar, además, que Irán cumplió con las correcciones indicadas.

Asimismo, en octubre de 2003, conforme a un acuerdo con la Unión Europea -representada por Gran Bretaña, Francia y Alemania-, Irán aceptó suspender el enriquecimiento de uranio y firmar el Protocolo Adicional de la AIEA, además de someter sus instalaciones nucleares a un régimen más estricto de inspecciones.

Aunque el acuerdo pronto comenzó a revertirse debido a diferencias de interpretación y al alcance de la suspensión, lo cual resultó en la reanudación de las actividades de enriquecimiento de uranio por parte de Irán, un nuevo arreglo entre este país y la Unión Europea en noviembre de 2004 alentó las esperanzas de una salida negociada. Según el nuevo pacto, conocido como el Acuerdo de París por el lugar de su firma, Irán aceptó suspender voluntariamente sus actividades de enriquecimiento y reprocesamiento de uranio mientras ambas partes trabajaban para lograr un acuerdo de largo plazo. Este último se basaría en un compromiso de la Unión Europea de brindar a Irán “garantías firmes sobre cooperación nuclear, tecnológica y económica, y compromisos firmes sobre cuestiones de seguridad”, mientras que Irán debería garantizar que su programa nuclear tendría fines exclusivamente pacíficos.

Sin embargo, surgieron nuevas dificultades debido a la negativa de Estados Unidos a respaldar esta iniciativa europea y a su amenaza de imponer sanciones a las empresas europeas que transfirieran tecnologías restringidas por la legislación estadounidense. Todo esto convenció a Irán de que Europa sería incapaz de cumplir su promesa de cooperación nuclear, tecnológica, económica y de seguridad. Como resultado, el Acuerdo de París se derrumbó e Irán reanudó sus actividades de enriquecimiento de uranio.

Para entonces, Estados Unidos estaba más decidido que nunca a obligar a la AIEA a tomar medidas duras, algo a lo que hasta entonces la Agencia se había resistido.

En setiembre de 2004, la Junta de Gobernadores de la AIEA finalmente cedió a la presión estadounidense y aprobó una resolución que acusaba a Irán de “incumplimiento” con el Tratado de no proliferación y amenazaba con remitir a Teherán al Consejo de Seguridad de la ONU si no aumentaba su cooperación con los inspectores de la AIEA y suspendía el enriquecimiento de uranio.

A partir de entonces, Estados Unidos no dejó de presionar a la AIEA para remitir el asunto al Consejo de Seguridad, dado que Irán, convencido de que su acatamiento de las normas no le redituaría ningún dividendo, decidió continuar con sus actividades de enriquecimiento y reprocesamiento de uranio. La campaña de Washington logró el 23 de diciembre de 2006 una resolución del Consejo de Seguridad que impuso sanciones a Irán por no detener el enriquecimiento de uranio.

En lugar de intentar resolver la situación mediante negociaciones, como exhortó el director general de la AIEA, tanto Estados Unidos como Israel adoptaron un camino beligerante que amenaza con desencadenar una conflagración en Medio Oriente.

Washington ha complementado su estridente discurso contra Irán con algunos actos provocativos, claramente dirigidos a arrastrar a Teherán hacia un conflicto armado. Las incesantes amenazas de ataques militares unilaterales de Israel son otra señal ominosa.

Frente a este escenario sombrío, todos aquellos que valoran la paz mundial deben redoblar sus esfuerzos para evitar un acontecimiento tan terrible. Es urgente presionar a Estados Unidos e Israel para que desistan de inflamar la volátil situación con su postura beligerante. Al mismo tiempo, es necesario alentar todo esfuerzo por resolver la crisis nuclear iraní mediante la diplomacia y la negociación.






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