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Derechos Humanos


No. 72 - Octubre 1997

COREA DEL NORTE

La crisis alimentaria

por Mariom Kim

Mientras el pueblo de Corea del Norte padece hambre, el gobierno de Corea del Sur pretende obligar a su vecino a ponerse de rodillas. Pero muchos surcoreanos respondieron a la crisis, a pesar de las restricciones de su gobierno, iniciando campañas de recaudación de fondos destinados a sus hermanos.

La hambruna en Corea del Norte, causada por graves inundaciones en 1995-96 y empeorada por una sequía este año, ha alcanzado una fase crítica. Los suministros de alimentos están agotados y las contribuciones del exterior constituyen sólo una fracción de lo necesario. Pero mientras la población se debilita y los niños y ancianos sucumben a las enfermedades, los dos gobiernos de Corea persisten en su guerra ideológica.

La parte Sur, que donó 246 millones de dólares en suministros de emergencia al Norte, ahora parece determinada a obligar a su vecino a ponerse de rodillas. Por su parte el Norte, colocando el orgullo sobre la vida humana, asegura que nunca aceptará las condiciones políticas que impone el Sur a cambio de ayuda alimentaria.

En vista de las absurdas maniobras políticas de los últimos dos años, muchos ciudadanos surcoreanos decidieron no esperar más por la acción gubernamental y tomar el asunto en sus propias manos. El resultado es un brote de movimientos civiles de recaudación de fondos para salvar al pueblo norcoreano, pero estos esfuerzos son obstaculizados por restricciones gubernamentales.

Inanición lenta y masiva

A mediados de marzo de este año, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU informó que la ración individual de arroz en Corea del Norte era de sólo 100 gramos diarios, que provee 350 calorías, es decir, un quinto del mínimo establecido por la ONU para la alimentación de los refugiados. En ese entonces, las reservas de granos del país asiático estaban agotándose y mucha gente ya subsistía sobre la base de hierbas y cortezas.

El congresista estadounidense Tony Hall visitó Corea del Norte en abril e informó sobre "pruebas de una inanición lenta y masiva". En mayo, la directora ejecutiva del PMA, Catherine Bertini, relató que la gente de las áreas del norte "molía tallos de arroz, mazorcas de maíz y vainas de guisantes, haciendo una mezcla sin valor nutritivo sólo para llenar su estómago y aliviar los dolores que produce el hambre". Adondequiera que iba la delegación del PMA, afirmó Bertini, la gente suplicaba por comida.

Coreanos de Estados Unidos y de China que visitaron familiares en Corea del Norte contaron que muchas personas hurgaban en la basura en busca de piedras y chatarra, obreros de fábricas vendían partes de las máquinas y multitudes de niños pedían para comer en las estaciones de trenes. También vieron niños atrofiados por la desnutrición y personas con el cabello descolorido o calvas por la misma causa. Muchas otras parecían "esqueletos vivientes". Además, había escasez de agua y energía eléctrica, tierras estériles y zonas totalmente despojadas de árboles.

Un coreano de Estados Unidos que visitó el país en abril quedó "sin habla" por la miseria que vio. "Cuanta persona me encontraba me hablaba de comida. La aldea de mis familiares estaba completamente muerta; los niños y los ancianos guardaban cama en su casa, demasiado débiles para moverse, y los que aún tenían fuerza estaban afuera buscando alimentos".

Una coreana de China que reside cerca del río Tumen contó que muchos norcoreanos cruzaban la frontera hacia China por la noche para mendigar comida. "Es una vergüenza nacional. Somos el mismo pueblo y debemos ayudarlos", dijo.

Aunque no hay forma de confirmarlo, algunos norcoreanos que viajaron a China afirmaron que, desde 1995, unas 100.000 personas murieron de hambre, frío y falta de atención médica.

También hay informes sobre mujeres norcoreanas que son llevadas a China para ejercer la prostitución. La hambruna causó el cierre de muchas fábricas y minas, y como no hay combustible para los automóviles, los trenes son actualmente el único medio de transporte y marchan atestados de gente, que se cuelga de las ventanas o viaja sobre los techos de los vagones hacia cualquier lugar donde pueda encontrar comida.

A diferencia de las hambrunas ocurridas en Africa, donde las víctimas pertenecían a las clases más pobres o a determinados grupos étnicos, la de Corea del Norte es una especie de "hambruna socialista": los 23 millones de habitantes se han dividido equitativamente las limitadas reservas de alimentos y comparten el hambre, señaló el antropólogo Chung Byung-Ho, de la Universidad de Hanyang. "Las consecuencias de esta situación serán catastróficas, aun si los esfuerzos de ayuda comienzan ahora mismo con toda su fuerza", advirtió.

"Miles o decenas de miles de niños y ancianos serán sacrificados, y muchos de los niños que sobrevivan quedarán con graves daños físicos, intelectuales o emocionales", informó el 14 de mayo el diario Hankyoreh. A comienzos de mayo, el delegado de la Cruz Roja Internacional en Pyongyang, Fole Gronning, calificó a la crisis alimentaria de Corea del Norte como "la más grave de la historia moderna".

Ayuda actual: mucho menos de la necesaria

Desde mayo hasta ahora, la ayuda alimentaria recibida por Corea del Norte constituye sólo una ínfima parte de la necesaria. Las estadísticas de la Fundación Eugene Bell revelan que, hasta ahora, China le otorgó 600.000 toneladas, Corea del Sur 500.000, Japón 300.000 y Estados Unidos 100.000, sostuvo Steve Linton, presidente de la Fundación.

Varias organizaciones humanitarias internacionales realizan activas campañas por donaciones, pero la respuesta ha sido débil. Por ejemplo, el PMA alcanzó sólo 40 por ciento de su objetivo de recaudar 200.000 toneladas este año. Pese a la interferencia del gobierno de Corea del Sur, los ciudadanos suracoreanos otorgaron más ayuda a Corea del Norte que todas las organizaciones internacionales juntas, destacó Linton.

En 1997, aún se necesitan entre dos y tres millones de toneladas de alimentos, pero los gobiernos de Estados Unidos, Japón y Corea del Sur ratificaron recientemente su decisión de no enviar ayuda oficial en gran escala a Corea del Norte hasta que acepte las "propuestas" de las negociaciones de paz cuatripartitas. Pero la gran mayoría de los surcoreanos consideran esta actitud inhumana y por eso muchos se unen a campañas de recaudación de fondos en todo el país.

Obstrucción oficial

Encuestas de opinión recientes demuestran que 80 por ciento de los surcoreanos creen que el gobierno debería ayudar a satisfacer las necesidades alimentarias del Norte. Presionado por la opinión pública, Seúl finalmente levantó el 31 de marzo su bloqueo de un año a los embarques de ayuda hacia Corea del Norte por organizaciones y empresas privadas.

En la práctica, sin embargo, los esfuerzos de ayuda continúan limitados. El gobierno surcoreano decretó que toda la ayuda al Norte debe ser canalizada a través de la Cruz Roja, lo cual lleva más tiempo que enviarla directamente. (Como representantes semioficiales de sus gobiernos, las organizaciones de la Cruz Roja son afectadas por cada punto de desacuerdo entre Pyongyang y Seúl). Está prohibido donar dinero directamente al Norte y tampoco se permite enviarle arroz surcoreano; sólo productos alimenticios comprados en otros países. Además, no pueden realizarse campañas callejeras de recaudación de fondos debido a una ley que exige una autorización previa del gobierno a las organizaciones. Esa autorización, obviamente, nunca se otorga.

Aunque en teoría Seúl permite a las empresas recaudar dinero para enviar alimentos a Corea del Norte, en la práctica trata de que no lo hagan. Para comienzos de mayo, ni una de las 1.000 mayores compañías surcoreanas había realizado alguna contribución.

En abril, el Ministerio de Educación envió una carta a todas las escuelas de enseñanza primaria y secundaria diciéndoles que "si desean recaudar fondos, deben solicitar permiso al Ministerio del Interior". Esta medida anuló los proyectos de campañas escolares en curso, porque la aprobación era muy improbable.

Ciudadanos en la delantera

Lo positivo dentro de esta nube de irracionalidad es que los ciudadanos surcoreanos toleran cada vez menos el bloqueo de su gobierno. Incapaz de continuar soportando las fotografías de personas desnutridas del otro lado de la frontera -en especial de niños esqueléticos-, el pueblo surcoreano demanda conciencia y humanidad, preguntando cómo puede el gobierno hablar de "condiciones" cuando la gente está muriéndose de hambre (Hankyoreh, 25 de abril).

El movimiento de ayuda a Corea del Norte reunió a seis grandes religiones, diversas organizaciones de ciudadanos, sindicatos, grupos favorables a reformas políticas, abogados, estudiantes y profesores, decanos de todas las facultades agrícolas de Corea del Sur, médicos, organizaciones de mujeres y empleados públicos. La cuestión no consiste en si se debe ayudar o no, sino cómo hacerlo.

Debemos "despertar a la verdad de que formamos un solo cuerpo y una sola mente con el pueblo norcoreano", dijo Song Wol-Ju, máximo líder de la comunidad budista surcoreana, y exhortó a tenderle la mano. Los líderes sociales más veteranos sostienen que la campaña de apoyo a Corea del Norte constituye "el movimiento nacional más importante de esta era", porque puede abrir el camino a la reunificación.

Las organizaciones religiosas jugaron un papel central en el movimiento de ayuda alimentaria a Corea del Norte. El Consejo Nacional de Iglesias de Corea, activo promotor de la reunificación desde la década del 80, inauguró hace cuatro años su Movimiento de Integración Norte-Sur, y cuando se produjeron las grandes inundaciones de 1995 en el Norte, inició su propia campaña de ayuda alimentaria, que desde entonces ha continuado sin mayor publicidad ni cobertura de la prensa. Actualmente ampliado y rebautizado con el nombre de Consejo Cristiano de Corea para Ayudar a Nuestros Hermanos de Corea del Norte, el movimiento incluye a las principales organizaciones protestantes y católicas. La última primavera boreal, envió al Norte 1.650 toneladas de papas y 22 toneladas de semillas de rábano y col a través de la Cruz Roja. Grupos católicos y budistas también están recaudando grandes cantidades de dinero con el mismo fin.

La mayoría de los movimientos religiosos y seculares surcoreanos se unieron recientemente en la "Campaña Panciudadana para enviar 100.000 toneladas de maíz a nuestros compañeros coreanos del Norte". Seis religiones y 28 organizaciones cívicas nacionales forman parte de esta campaña. Su principal organizador es el "Movimiento por la Unidad de Corea", iniciado el pasado año por el ex secretario general del CCEJ, Soh Kyung Suk, para promover la unidad entre los coreanos de todo el mundo.

La Campaña Panciudadana envió su primera contribución el 17 de mayo, consistente en 15.000 toneladas de maíz comprado a China y enviado por la Cruz Roja de Corea del Sur y la Cruz Roja Internacional a su homóloga de Corea del Norte. El maíz fue transportado en 300 vagones directamente desde la estación Tandung, en China, a la estación Shinuiju, en Corea del Norte.

La Campaña Panciudadana pide a los ciudadanos que aporten el equivalente a la alimentación de una persona por un mes o a la de siete personas por un mes. Las 100.000 toneladas de maíz permitirán a siete millones de personas alimentarse durante un mes. Una táctica usual de ésta y otras campañas, incluyendo las de grupos de jóvenes y escolares, es la de "omitir el almuerzo del viernes" y donar lo ahorrado para comprar comida para el Norte. "No es sólo la donación de dinero lo importante; queremos compartir también el hambre de nuestros vecinos del Norte y sentirnos unidos con ellos como un solo pueblo", dicen los grupos (Hankyoreh, 25 de abril).

El gobierno de Corea del Sur, manteniendo su posición contraria a la ayuda al Norte, impidió el 14 de mayo un concierto al aire libre a beneficio de los niños norcoreanos, presionando al director musical Chung Myung-Hoon, a KBS-TV y a grupos cívicos que apoyaban la iniciativa. Se ordenó al diario Hankyoreh, el organizador, que cambiara los músicos y los temas, y excluyera a la Campaña Panciudadana. Chung fue advertido de que perdería su empleo en KBS si participaba del concierto y a otros participantes en potencia se les dijo que el mismo era "ilegal" debido a su propósito de recaudar fondos. Finalmente, Hankyoreh organizó un espectáculo mucho menor, en el que niños surcoreanos contribuyeron con puñados de arroz para los niños norcoreanos hambrientos.

"Mujeres por la Paz", un movimiento para ayudar a mujeres y niños norcoreanos, emitió una declaración pública en la que urgió a Seúl a retirar todas las condiciones políticas para el envío de ayuda alimentaria al Norte y a iniciarla inmediatamente. También solicitó a Pyongyang que revele públicamente el grado real de la crisis alimentaria para facilitar la ayuda y pidió a ambos gobiernos que permitan la entrega directa de alimentos a través de la zona desmilitarizada.

El movimiento ciudadano de ayuda al Norte está unido en su resistencia a utilizar la ayuda alimentaria como arma para obtener concesiones. "La insistencia en las negociaciones cuatripartitas va más allá de la razón cuando interfiere con el movimiento civil para ayudar al hambriento pueblo norcoreano", comentó Kim Song-Yon, administrador de KSM. Kim predijo que el movimiento tendrá éxito porque está basado en pequeñas contribuciones de muchos individuos. Durante las primeras tres semanas de la Campaña Panciudadana, 7.000 personas aportaron 1,2 millones de dólares, mientras todos los movimientos de ayuda a Corea del Norte recaudaron en el mismo período más de cuatro millones de dólares.

Los surcoreanos se regocijan ante las iniciativas de ayuda a Corea del Norte en otros países, como la nueva campaña televisiva de organizaciones no gubernamentales estadounidenses. Además, están muy agradecidos por la dedicación de las agencias humanitarias internacionales.

Al final, sin embargo, será el pueblo surcoreano el responsable de rechazar las políticas oficiales que obstruyen la reconciliación nacional, de compartir dinero y alimentos con el pueblo norcoreano, y de salvarlo de la inanición, hasta finalmente conducir a Corea por el camino de la reunificación. Marion Kim es editor de Sociedad Civil, publicada por la Coalición de Ciudadanos para la Justicia Económica, de la cual se extrajo este artículo (marzo-mayo de 1997).


80.000 niños morirían de hambre

Casi 80.000 niños corren riesgo de morir de hambre en Corea del Norte, devastada por la sequía y cerca de 800.000 norcoreanos menores de cinco años padecen desnutrición grave y necesitan medicinas con urgencia, advirtió Carol Bellamy, directora ejecutiva del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), tras una visita al país asiático en agosto. "Las despensas están vacías, al igual que los gabinetes médicos de los hospitales, y los resultados podrían ser catastróficos si esta escasez no se alivia con la llegada del invierno".

UNICEF y otras agencias de la ONU estimaron que unos 80.000 niños corren "inminente peligro" de morir de hambre, mientras 38 por ciento de los menores de cinco padecen desnutrición "grave pero de menor grado". La pérdida de la mayor parte de las cosechas de maíz y arroz este año aumentará el peligro que corren los niños con la llegada del invierno. UNICEF, que con aportes de la Unión Europea envió 70 toneladas de leche, medicinas y equipos de alimentación para uso en 92 hospitales, orfanatos y guarderías, casi triplicó su pedido internacional de ayuda, de 4,7 millones de dólares a 14,3 millones. Pero hasta el momento sólo recibió 3,5 millones de dólares de los gobiernos donantes.

Varios países ya donaron grandes cantidades de dinero y alimentos a Corea del Norte, pero se niegan a darle nuevos fondos a menos que el gobierno realice ciertas concesiones políticas y económicas. Estados Unidos, que este año donó 60 millones de dólares en productos alimenticios, urgió a Pyongyang a permitir un control internacional más estricto de los embarques de alimentos.




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