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Indígenas


No. 77 - Marzo 1998

Bolivia

Indígenas se organizan para reclamar sus derechos

por Washington Estellano

Después de cien años de silencio los chiriguano-guaraníes de Bolivia crean los instrumentos organizativos nacionales y la Asamblea del Pueblo Guaraní para defender sus territorios comunitarios, su lengua y su cultura, enfrentando a los ganaderos latifundistas, que acaparan el 90 por ciento de las tierras aptas para la agricultura. Para ello participan en una gran alianza con el movimiento sindical articulado en la Central Obrera Boliviana y en la Confederación de Trabajadores Campesinos de Bolivia.

Los indios guaraníes conforman una gran nación que hoy se extiende a través de las fronteras modernas de cinco estados: Bolivia, Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay. Dentro de esta gran familia existen diversas identidades e historias locales. El chiriguano destaca la identidad particular de los guaraníes occidentales, cuyo territorio principal está al pie de la Cordillera de lo que hoy es Bolivia. El origen del chiriguano es el resultado del mestizaje de la etnia chané y de los migrantes guaraníes llegados de Brasil en tiempos remotos.

Hoy asistimos a un renacimiento de las luchas de estas etnias, que en más de 200.000 almas -remanente demográfico de sucesivos genocidios- pueblan el oriente de Bolivia, reivindicando tierra, territorio y dignidad. Tierra para trabajar; territorio y dignidad para vivir.

Hasta hace apenas 100 años, el pueblo chiriguano seguía siendo en toda América el reducto autónomo más importante que había logrado, aunque parcialmente, frenar cuatro siglos de constantes presiones para ser "civilizado" por quienes codiciaban su territorio. Junto con los mapuches, es el más grande testimonio de resistencia indígena anticolonial.

La masacre de Kuruyuqui

El 28 de enero se cumplieron 106 años de la batalla de Kuruyuqui, lugar distante a unos 60 kilómetros de la actual ciudad de Camiri, donde 5.000 guaraníes que defendían sus tierras con arcos y flechas fueron masacrados por el ejército republicano de Bolivia. Ni el imperio incaico ni el español habían podido vencer al pueblo guaraní. Según provisión real recogida en 1882 por misioneros del Colegio Franciscano de Tarija, la única declaración de guerra formal contra un pueblo indígena la realizó el monarca español Felipe II contra los guaraníes.

"En Kuruyuqui éramos miles, según los abuelos, pero los sobrevivientes se dispersaron hacia Argentina o hacia los montes altos", informa Juan Tejerina, 51 años, Capitán Ivo de la Provincia Cordillera. Mujeres, niños y adultos fueron distribuidos o vendidos en casas y haciendas de "personas honorables" y vecinos. Fue la primera gran derrota del pueblo guaraní y marca el comienzo de cien años de silencio y del desbande y el sometimiento de miles de guaraníes en las haciendas en condiciones de semiesclavitud. (Ruth Llanos. Presencia, Reportajes, 16/I/94).

Una estrategia de lucha en defensa de su cultura y su territorio se plantea con la creación de las Escuelas Indigenales de Raqaypampa en las décadas del 30 y 40. Los postulados de educación intercultural bilingüe, la participación de la comunidad, la unión de trabajo manual e intelectual y curriculum diversificado, que hoy la Reforma Educativa busca generalizar, estaban ya presentes en las Escuelas Indigenales del movimiento de los "Alcaldes Mayores Particulares" en los años de 1936 a 1947. Finalmente, por falta de recursos y la oposición y represión de los hacendados, el proyecto sucumbió.

El despertar del pueblo chiriguano

En tiempos de la Reforma Agraria de 1953 los hacendados apoyaron al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), y sus tierras fueron garantizadas legalmente. Lo mismo sucedió durante la dictadura del general Hugo Bánzer. Vale decir que los campesinos chiriguanos y los pequeños productores agrícolas en ambos períodos vieron reducidas sus posibilidades de acceso a la tierra. La Reforma Agraria entonces mantuvo el poder y la posición de la elite latifundista. Según un estudio realizado en la provincia Cordillera de Santa Cruz, sólo 6.7 por ciento está en poder de las comunidades chiriguanas(sólo la mitad tienen títulos de propiedad), mientras que el resto de las tierras aptas están en manos de los hacendados latifundistas. (Pifarré:412/3).

Si bien desde la fundación de la Confederación Sindical Unica de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) en 1979, hubo la preocupación por organizar sindicatos y vincularse a los pueblos indígenas del oriente, recién a partir de 1982 se crea una organización central con una orientación indigenista. Se trata de la Central de Pueblos y Comunidades Indígenas del Oriente y de la Amazonía de Bolivia (CIDOB). Aunque mantiene buenas relaciones con la CSUTCB y con la Central Obrera Boliviana(COB), siempre ha evitado una vinculación orgánica, quizá por las características de los indígenas del Oriente. Porque si bien tienen como eje común la lucha por la defensa del territorio comunitario y por la tierra para trabajar, el movimiento sindical no ha tenido una política ni una preocupación por comprender la especificidad del problema indígena.

Así, en octubre de 1982, con el impulso de los pueblos Ayoreos, chiquitanos, guarayos y guaraníes, liderados por el Capitán Grande del pueblo guaraní, Bonifacio Barrientos Yyambae, se fundó la Central Indígena de Pueblo Boliviano. Posteriormente irían adhiriendo otros pueblos y otras organizaciones y en 1989 se transforma en la Confederación de pueblos indígenas de Bolivia, cuando ya el 80 por ciento de los pueblos indígenas del Oriente, Chacho y Amazonía estaban agrupados. Esta tiene como base la organización por departamentos, pueblos, intercomunidades y las comunidades que ocupan sus territorios colectivos.

En 1987, formando parte de CIDOB se crea la Asamblea del Pueblo Guaraní (APG), que abarca toda la región del Chaco boliviano en los departamentos de Santa Cruz, Chuquisaca y Tarija. Sucesivas reuniones y asambleas en la Provincia Cordillera habían servido para tomar conciencia de los problemas comunes a la mayoría de las comunidades, de las posibilidades de enfrentarlos de una manera conjunta y para ello la necesidad de tener una organización y una plataforma de lucha conjunta. Para ello se designó una dirección en torno a cargos que se responsabilizan de los problemas considerados centrales: productivos, de infraestructura, de salud, de educación y de la tierra.

Más que construir aparatos burocráticos la preocupación de la APG es la de fortalecer los organismos de base chiriguanos tomando en cuenta la experiencia local ancestral. Esto le ha dado una gran vitalidad y representatividad. Un indicador revelador es la importancia dada por el pueblo guaraní al autofinanciamiento. En Camiri tienen su sede central, donde desde las distintas zonas envían a dos delegados que cumplen por turno un mes de servicio, y su respectiva zona se hace cargo de su alimentación y permanencia. Para ellos este autofinanciamiento es la mejor garantía de que la APG seguirá al servicio de sus bases. Así se dieron el lujo de rechazar una oferta de 15.000 dólares de una institucion de promoción financiada por el gobierno de Estados Unidos. (Albó: 308/12).

La larga marcha por territorio y dignidad

En la madrugada del 15 de agosto de 1990 cientos de miles de indígenas se agolpan en las inmediaciones de la catedral de la ciudad de Trinidad. Se inicia entonces un largo camino de 600 kilómetros que recorren en 34 días, transitando el trópico, valles y los fríos del altiplano para llegar finalmente a la ciudad de La Paz. Desde el Oriente del Chaco también se incorporan los chiriguanos-guaraníes. Exigen del gobierno del presidente Jaime Paz Zamora que el bosque Chimán les sea dotado como territorio indígena en toda su integridad; que las empresas madereras salgan de ese bosque; y junto a otras reclamaciones locales, proponen el respeto a los dirigentes elegidos según sus costumbres originarias y la entrega de títulos de propiedad a las comunidades originarias.

Después de 498 años de opresión el gobierno firma cuatro decretos reconociendo, al menos en el papel, los territorios indígenas, la asignación del carácter de Parques Nacionales y la salida de las empresas madereras de dichos territorios indígenas.

Tanto con la aprobación de la Ley Forestal, como de la nueva Ley Agraria constituyendo el Instituto Nacional de Reforma Agraria, durante el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada se garantiza a los pueblos indígenas la exclusividad en el aprovechamiento forestal en las tierras comunitarias de origen; y se les reconoce la propiedad colectiva de las tierras comunitarias. Sin embargo, según señalan dirigentes de CIDOB (La Razón, 10/08/97), se ha reducido en 60 por ciento de los territorios guarayos. Aunque en el papel se garantizan los derechos de los pueblos y comunidades indígenas y originarias sobre sus tierras, tomando en cuenta sus implicaciones económicas, sociales y culturales, hay mucho trecho que recorrer y muchas trabas a vencer todavía.

Muchas de las disposiciones legales no son cumplidas. Pero es cierto que los pueblos originarios comienzan a ganar espacios dentro del ordenamiento jurídico nacional. Lo demás radica en relaciones de poder y de fuerza que dependen del grado de conciencia, de organización y de movilización de estos pueblos que hasta hace poco eran considerados "salvajes" que había que eliminar, como en parte se hizo en Argentina y Uruguay, y sustituirlos por poblaciones "civilizadas".

La situación actual

A pesar de todo lo avanzado aún falta mucho. En el Chaco chuquisaqueño hay cientos de familias que continúan viviendo en condiciones infrahumanas, trabajan sólo por alimentos. Mientras tanto hay latifundios de hasta 150.000 hectáreas.

En efecto, existen grandes haciendas de "los señores de la tierra", donde se practican relaciones de trabajo serviles, semiesclavas. El año pasado una comisión delegada de parlamentarios fue al Chaco a investigar las denuncias sobre la existencia de zonas miserables, donde se practica el "enganche" y los peones guaraníes y sus familias quedan cautivos de por vida. La socióloga Ruth Llanos, quien acompañó a la delegación, puntualiza: "En el Chaco los trabajadores de origen guaraní no conocen el dinero como forma de pago por su trabajo, sino que se le paga en especie, alimentos, ropa, bicicleta, etc. La deuda aumenta en mayor proporción que el salario ganado. Para irse debe pagar la deuda. Nazario Chávez heredó la deuda de su hijo. Pero si el fallecido es el padre o la madre, son los hijos los que heredan la obligación contraída por sus progenitores". (Presencia, Reportajes, 16/I/94).

Al mismo tiempo de la lucha por las reivindicaciones sociales, los chiriguanos-guaraní buscan recuperar su idioma. La Reforma Educativa de 1994 institucionalizó la enseñanza y alfabetización en los idiomas originales. En esto los guaraníes han estado a la vanguardia.

En 1989 la APG mandó sus representantes a un curso de educación intercultural y bilingüe que organizó en La Paz el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). A su vuelta, se organizó una asamblea de 80 representantes de la APG para discutir un plan educativo, se analizó los materiales elaborados, seleccionó las comunidades y participó activamente en la supervisión de las escuelas. Posteriormente se editaron 50.000 libros de textos y para 1994, más de 15.000 personas, entre niños y adultos, alcanzaron a leer y escribir en guaraní. Estos resultados motivaron al gobierno de Sánchez de Lozada a lanzar su Reforma Educativa en Kuruyuki, donde 102 años atrás se había producido la masacre del pueblo guaraní.

Cuando la APG demandó educación bilingüe fue porque vieron que la educación era una de las vías que les podían permitir salir del atraso y tener acceso a la sociedad nacional. De ahí la aplicación de escuelas radiofónicas que promueven la formación de bachilleres, como la Radio Parapetí dirigida por una organización católica. Porque una de las formas de reivindicar su cultura es a través del idioma. Significa hoy un gran estimulo y motivación para el pueblo guaraní escuchar en los medios de comunicación de masas hablar en su idioma, lo que hasta hace unos pocos años era algo impensable.

A fines de noviembre pasado se realizó en Camiri el Congreso de la APG. Concurrieron unos 400 delegados elegidos en las comunidades de base o tentas. También participaron 20 Capitanías Grandes, que son las autoridades comunales tradicionales vitalicias, 10 de ellas son Capitanías históricas.

Hasta ahora, la Asamblea del Pueblo Guaraní tenía sus propias autoridades en forma paralela a las de las Capitanías. Y las organizaciones karai (estatales, de los blancos) cuando surgían nuevos dirigentes con capacidad y autoridad, trataban de cooptarlos, separándolos de sus bases. Tal fue el caso del joven dirigente Silvio Aramayo, que fue elegido diputado en las listas del MNR. Este Congreso discutió todos estos aspectos y dio prioridad a los problemas de organización interna, logrando finalmente que la nueva dirección de la AGP se articulara con las autoridades tradicionales de las Capitanías.

Según Mirko Ordaz, un especialista del mundo guaraní-chiriguano que asistió al Congreso, en las bases predomina la tendencia de perspectiva histórica que reclama poder realizarse por sí mismos y recuperar la vida y cultura del pueblo guaraní. El Congreso también discutió la situación que se planteó en Río Grande, donde un terrateniente vendió a colonos tierras que pertenecían y estaban ocupadas por comunidades guaraníes.

Casi el 70 por ciento de la población de Bolivia, con 7.237.000 habitantes, es indígena y mestiza. Los grupos mayoritarios son los quechuas, aymarás y guaraníes, que pese a soportar los embates de la influencia capitalista occidental, se reafirman en su cultura, sus costumbres de reciprocidad, su espíritu religioso y la vida solidaria de las comunidades.

Bibliografía

Xavier Albó, "La comunidad hoy". CIPCA, Cuadernos de investigación Nº32, La Paz, 1990.
Francisco Pifarré, "Historia de un pueblo". CIPCA, Cuadernos de Investigación Nº31, La Paz, 1989.
Periódicos: Reportajes de Presencia y La Razón, La Paz.
Entrevista a Mirco Ordaz.






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